Ana Bárbara sorprende al mundo al defender a la familia Aguilar: elogios, lealtad y secretos detrás del éxito
La intérprete de “Lo busqué” aseguró sentir empatía ante los comentarios negativos que recibe Pepe Aguilar y sus hijos

Una vez más, la familia Aguilar está en el centro de la polémica tras su presentación en Guadalajara pese a la negativa de algunas personas.
Durante la noche del pasado 15 de septiembre, Pepe Aguilar junto a sus hijos, Ángela y Leonardo, ofrecieron un concierto completamente gratuito como parte de las celebraciones del aniversario de la Independencia de México.
Aunque el evento transcurrió con tranquilidad pese a la petición de que fuera cancelado, en redes sociales, principalmente en TikTok, circulan pequeños clips de personas gritando “Cazzu, Cazzu” antes de la presentación de Ángela Aguilar.
Debido a que el momento se volvió viral, distintas personalidades del medio han sido cuestionadas al respecto; una de ellas, Ana Bárbara, quien pidió un alto al ‘hate’.
Ana Bárbara defiende a Ángela Aguilar ante abucheos de la gente en Guadalajara
En un encuentro con diferentes medios de comunicación, la intérprete de éxitos como “Loca”, “Lo busqué” y “Bandido”, aseguró estar en desacuerdo con los comentarios negativos que recibe la familia Aguilar.
Asimismo, le pidió al público cuidar a los buenos artistas que tiene México, ya que considera que ese tipo de críticas están fuera de lugar.
“Cuidemos y protejamos a los verdaderos artistas, tengo una conexión con toda esa familia, he sido clienta de eso, del hate, no me gusta, se me hace agresivo, fuera de lugar”, aseguró.

Ana Bárbara llena de elogios a Pepe Aguilar y sus hijos, Ángela y Leonardo
Durante esa misma plática con la prensa, Ana Bárbara compartió su admiración por la familia de Pepe Aguilar, pues resaltó que a lo largo de su trayectoria han destacado por su trabajo en la música y la composición.
“Nuestros artistas bellos que trabajan con el alma más allá, que les valga madres, dejen a la gente vivir, por favor”, comentó.
Finalmente, enalteció el talento de Pepe Aguilar, pues además de compartir su postura como cantante, lo hace como una persona que ha pasado por lo mismo.
“Pepe es un compañero hermoso de la vida, es un talento, ya dejen de joder, por favor. Me duele el alma, es gente que ha trabajado toda la vida, a mí me ha llovido sobre mojado, hay gente ahí por molestar”, sentenció.

La publicación de Pepe Aguilar tras evento en Guadalajara. (IG: @pepeaguilar_oficial)
Ante su tajante conclusión sobre los comentarios negativos dirigidos a la familia Aguilar, la cantante de 54 años fue cuestionada sobre el distanciamiento que mantiene con algunos miembros de su familia, a lo que respondió:
“Muchas veces somos víctimas de personas que amamos”, concluyó.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






