Tunden a Ángela Aguilar de hipócrita por este gesto con Karol G
Después que Ángela criticó a Karol G en el pasado, ahora la critican por lo que hizo.

Ángela Aguilar ha vuelto a generar controversia en redes sociales, esta vez por un video en el que se le ve disfrutando de una canción de Karol G durante los Premios Lo Nuestro. Este hecho ha revivido críticas pasadas hacia la cantante colombiana, lo que ha desatado un debate sobre la autenticidad de los gustos musicales de Aguilar.
Durante la reciente ceremonia de los Premios Lo Nuestro, Ángela Aguilar fue captada bailando y cantando el tema “Si te hubiera conocido antes” de Karol G. El video se viralizó rápidamente en redes sociales, generando una ola de críticas hacia la joven cantante.

Usuarios de plataformas como Twitter y TikTok acusaron a la cantante mexicana de hipocresía, recordándole sus comentarios pasados ​​sobre la música de Karol G. Muchos señalaron que la cantante mexicana había criticado la incursión de la colombiana en el regional mexicano, y ahora la veían disfrutando de su música. Informa Voces Críticas.
“¿No que no le gustaba la música de ahora?”, “¿Primero la critica y ahora la disfruta, qué incoherencia?”, “Como no le va a gustar si habla de quitar el novio como ella lo hizo” y “Después dice que ella no escucha esas barbaridades de música” fueron algunos de los comentarios que inundaron las redes sociales.
En 2021, Karol G generó controversia tras presentarse en los Premios Juventud con una versión mariachi de su tema “200 copas”. Mientras algunos elogiaron su incursión en el género, otros criticaron su interpretación. Ángela Aguilar fue una de las voces que expresó su postura en aquel momento, diciendo: “Yo creo que la música mexicana es universal y todos la pueden cantar, pero yo nunca había escuchado a alguien decir malas palabras en las canciones”. Este comentario fue interpretado por muchos como una crítica directa a Karol G.
A pesar de la polémica, ni Ángela ni Karol han hecho declaraciones sobre una posible enemistad. La supuesta rivalidad entre ambas ha sido alimentada por especulaciones en redes sociales, pero no hay pruebas contundentes de un conflicto real entre ellas.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






