Benjamín Vicuña se refirió al conflicto con la China Suárez: “Siempre cometo el mismo error”
El actor chileno volvió a ver a sus hijos luego de más de cuarenta días separados y habló sobre la relación que mantiene con su expareja

Benjamín Vicuña y la China Suárez se encuentran en medio de una pelea por los dos niños que tienen en común, Magnolia y Amancio, a causa de que Eugenia armó las valijas y eligió comenzar su vida en Turquía junto a Mauro Icardi. Todo comenzó cuando Benjamín le revocó el permiso de viaje, lo que derivó en un duro posteo por parte de la actriz de Casi Ángeles.
Luego de más de cuarenta días sin ver a sus hijos, más allá de las videollamadas, Vicuña se reencontró con los pequeños. En Puro Show (El Trece) lo encontraron disfrutando con sus niños en una plaza. Con un poco de incomodidad al enfrentar a las cámaras del programa, se acercó para hablar de este reencuentro y de la pelea que tiene con la madre de los niños.
“No es el mejor lugar porque es una plaza, estoy con mis chicos, pero quise venir a hablar. Todo más que bien, muy contento. Yo ya iría cerrando el tema, la verdad que no hay mucho más que hablar”, comenzó diciendo el actor chileno, dejando en claro que quiere alejar sus problemas familiares de los medios.
Benjamín Vicuña junto a todos sus hijos, fruto de sus relaciones con Pampita y la China Suárez (Instagram)
“Son cosas que se resuelven en privado como tiene que ser, no quiero, no puedo, me parece que es un montón todo lo que se dice, todo lo que se sabe. Me encantaría no hablar, la gente lo sabe, lo entiende”, agregó.
Desde que la relación de la China e Icardi comenzó y, en especial, cuando salió a la luz la interna familiar tras un duro posteo de la actriz sobre su rol como papá, Vicuña se encuentra en el medio de la polémica. “Este año estrené cinco películas, tengo que convivir con ustedes, tengo que compartir con ustedes, trabajamos en el mismo canal, pero esto es así, les pido un poquito de respeto”.
“Está todo más que bien, no hay más vueltas que darle. Como siempre, las cosas se arreglan en familia a puertas cerradas”, repitió, asegurando que está cansado del tratamiento del tema en los medios.
El lunes por la noche, su expareja tuvo unas horas de furia en su cuenta de X. En uno de los tantos mensajes que dejó en la red social, apuntó directamente contra el actor de El primero de nosotros: “De hecho se le pidió (a Vicuña) hace mucho tiempo que deje de filtrar información, fechas. Todo con respecto a mis hijos. Pero es más fuerte que él llorar en cámara”.

El mensaje en contra de Benjamín Vicuña (X)
Acerca de estas declaraciones públicas de la China, el actor eligió no polemizar. “Da lo mismo. Yo no voy a hablar de eso porque no me corresponde, ahora me corresponde estar con mis hijos. ¿Sabés qué pasa? Siempre cometo el mismo error: si no habló soy un prepotente y si habló porque habló. Esto ya está, no hay más tema, no hay nada más que decir”.
Desde que Magnolia y Amancio regresaron al país, Benjamín se aseguró de mantenerlos alejados de las redes sociales, haciendo que retomen la rutina que tenían antes de viajar a Estambul. La que dio tímidos detalles fue Pampita, expareja del actor y madre de sus tres hijos.
Durante un móvil con LAM (América TV), la conductora fue consultada por Ángel de Brito sobre cómo habían vivido sus hijos —Bautista, Beltrán y Benicio— el reencuentro con sus hermanos menores. Como suele hacer, la modelo eligió la mesura, pero sus palabras dejaron ver la emoción familiar detrás de las versiones mediáticas.
“No voy a opinar mucho, solo voy a decir que mis hijos estaban felices de reencontrarse con sus hermanos, y me alegra mucho por ellos. Estaban muy contentos”, expresó, con una sonrisa tranquila y la certeza de estar hablando de algo que le toca muy de cerca.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






