¡Carlos Adyan revela secreto explosivo que une a Aleska Génesis y Luca Onestini!
El presentador soltó la bomba que nadie imaginaba podría pasar en su programa ‘En casa con Telemundo’
La telenovela de Aleska Génesis y Luca Onestini sigue dando episodios.
La nueva persona en entrar en escena y contar algo que nadie imaginaba que podría pasar es Carlos Adyan, quien acaba de anunciar un bombazo informativo.
Como ya es conocido públicamente, el conductor y la venezolana mantuvieron una relación de mucho cariño. Pero cuando el comunicador ha tenido que opinar sobre algo que no le gustaba de ella, lo ha hecho sin filtro alguno. Lo que ha llevado a una situación tensa.
Carlos no ha tenido reparo en hablar y dar su punto de vista sobre toda esta situación de la ruptura de Aleska y Luca, quienes siguen jugando al despiste.
Carlos Adyan suelta bombazo.Carlos Adyan: Jennifer García/Mezcalent; Foto Aleska y Luca/IG: Aleska
¿Han roto? ¿Siguen juntos? Ahora que viene el segundo finalista de La casa de los famosos a Miami, ¿qué pasará? Pues el presentador puertorriqueño ha dado una primicia.
“La bomba la prometimos, ¡y aquí la lanzamos! Ustedes son testigos de que invitamos a Aleska en varias ocasiones a En casa con Telemundo para enfrentar y ella fuese quien desmintiera las versiones que se han dado sobre su relación con Luca Onestini… Finalmente, ¡ha aceptado la invitación!”, dijo, asegurando que habrá “un cara a cara” con los presentadores.
Después de llamarles “cucarachas aplastadas” a los presentadores del show, la empresaria ha cambiado de parecer y se enfrentará a las opiniones y argumentos de los colaboradores, esta vez, con la posibilidad de defenderse y contar su verdad. Pocos imaginaban que Aleska aclararía lo sucedido en su parcela personal en este programa, al final es el espacio donde parece que lo contará todo y por fin aclare qué ha pasado.
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La cita es este Lunes, 28 de Julio, en el exitoso show de Telemundo, a las 1PM/12C.
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Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
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Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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