Charlotte Caniggia opinó sin filtro de la carrera de la China Suárez: “Se la comió el personaje”

La influencer no dudó en decir lo que piensa de la actriz de Casi Ángeles e hizo una dura reflexión

Hace años que la vida de la China Suárez se encuentra bajo los reflectores por su carrera como actriz, pero últimamente lo que tiene la atención de todo el mundo es el escándalo que protagoniza junto a Wanda Nara y Mauro Icardi. En este contexto, estrenó una nueva serie en una de las plataformas de streaming, pero no tardó en estallar la polémica.
Charlotte Caniggia, que tiene una tendencia a no guardarse sus opiniones, opinó sin filtro acerca de la carrera de Eugenia. Charlotte opinó en Qué Tupé (El Trece) sobre la carrera de la China y dejó frases filosas que generaron repercusiones. La mediática cuestionó la elección laboral de la actriz, poniendo énfasis en sus últimos proyectos y papeles, y sugirió que el perfil mediático de la China responde tanto a los roles que le ofrecen como a su vida personal.
“Es medio raro, porque si estás saliendo con un millonario, ¿para qué venís acá a hacer pavadas? ¿No?”, expresó Charlotte, aludiendo a la participación de Suárez en programas de streaming, que terminó fallando y generando un nuevo escándalo que la tiene en el centro. “Ir a streaming, ya estás en otro nivel, ¿no? Me parecen medio de cholulas”, continuó, marcando distancia con la exposición mediática de la actriz.
La discusión se orientó a los motivos detrás de las apariciones públicas de Suárez: “No la van a llamar por, por x motivo, la van a llamar para que cuente todo el resto de cosas… De los maridos que roba, de Wanda, de qué pasó con el conflicto tal y esto y el otro, de Icardi. Y qué la van… no la van a llamar. Se va a bajar de todo ella”, analizó Caniggia, sugiriendo que la exposición de los conflictos personales condiciona su recorrido laboral.

Consultada sobre el proyecto actual de la China —la serie Hija del fuego— la hija de Mariana Nannis y el Pájaro Caniggia ironizó sobre su recurrencia en ciertos papeles: “Se acuesta con el marido de una para cobrar venganza… Ah, pero eso ella hace toda la vida, no solo en la vida cotidiana. El papel de ella en todas las películas y series es robar chongos. Desde chiquitita hace estas cosas. Se metió tanto en el papel que empezó a joder. Se metió con casados y todo eso, ¿viste? Se la comió el personaje. Eso es lo que pasó con la China. Dijo: Ah, esta maldita zorra, esa voy a hacer yo y así todas las películas”.
Cuando en el estudio mencionaron que los productores buscan explotar ese perfil, Charlotte remató: “Si vos hacés este tipo de papeles, después no quieras que te pregunten de arte o de cine. O lo hacen a propósito también algunas.” Al ser consultada respecto al talento de Eugenia, si consideraba que era buena en su trabajo, no dudó: “Buena actriz es Natalia Oreiro, y ahí también se queda media corta. Buen actor es Francella, Darín. Estas son unas pichis. No, no es buena actriz, amigo”.
Finalmente, Caniggia relativizó cualquier condena moral señalando: “Es linda, puede hacer lo que quiere ella”. Con una intervención que osciló entre la crítica, la ironía y la desinhibición, Charlotte Caniggia dejó clara su postura sobre los derroteros de la China Suárez en la pantalla y en los medios, marcando las diferencias que, a su entender, las separan tanto en el plano profesional como personal.
A pesar de la polémica que rodea a la actriz, finalmente hará una entrevistas. Está será con Moria Casán, quien se encargó de despejar dudas y confirmar la noticia bomba que todos buscaban:la China Suárez será su invitada especial en una edición que ya promete rating y repercusiones.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






