Clarissa Molina desata polémica: Su vestido atrevido recibe duras críticas por falta de elegancia

La alfombra de Premios Juventud 2025 estuvo cargada de glamour, brillo y momentos memorables, pero también de controversias.
Una de las protagonistas de la noche fue Clarissa Molina, quien llegó al evento con un vestido que, aunque muchos aplaudieron por su atrevimiento y modernidad, también recibió duras críticas por considerarse demasiado revelador y poco elegante.
VER EL VIDEO DE ESTE VESTIDO DE CLARISSA MOLINA AL FINAL DE ESTE ARTICULO.

La comunicadora y actriz dominicana apostó por un diseño ceñido al cuerpo con cortes estratégicos y transparencias que dejaban ver gran parte de su figura.
Si bien Clarissa lucía segura y confiada, los comentarios en redes sociales no tardaron en dividirse.

Algunos seguidores resaltaron que se veía espectacular y que tenía todo el derecho de mostrar su estilo sin restricciones.
Sin embargo, otros la acusaron de “enseñar de más” y de no haber escogido un atuendo apropiado para una ceremonia de tal magnitud.

“Clarissa siempre tan bella, pero este vestido se pasa”, comentó un usuario en Instagram. “Le falta clase, parecía más un look de discoteca que de premios”, opinó otro.
Por el contrario, hubo quienes defendieron a la presentadora diciendo que la moda es una forma de expresión y que ella tiene la seguridad necesaria para lucir lo que quiera.

Más allá de la polémica, Clarissa Molina se mantuvo sonriente y disfrutó de la velada, saludando a colegas y posando para las cámaras con total naturalidad.
La dominicana, que ha forjado una carrera destacada en la televisión hispana, está acostumbrada a los comentarios encontrados sobre sus decisiones de moda.

Lo cierto es que, ya sea para bien o para mal, su elección no pasó desapercibida.
Y una vez más, Clarissa logró lo que pocas logran: convertirse en el centro de la conversación de Premios Juventud 2025.
VIDEO
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






