“Estoy por necesidad aquí”: Habitante de La casa de los famosos se sincera y reconoce que entró al reality “por necesidad”
“Te admiraba pero ahora escuchándote te admiro más”, reaccionó el público tras escuchar su confesión
Los 4 nuevos habitantes de La casa de los famosos 4, Geraldine Bazán, Patricia Corcino, Serrath y Paulo Quevedo, quienes iniciaron la semana pasada su aventura en el exitoso reality show de Telemundo que conducen Nacho Lozano y Jimena Gállego, llegaron pisando fuerte, especialmente Paulo, quien este martes se convirtió en el nuevo líder de la casa.
“Definitivamente yo sí voy a ser la gota que va a derramar el vaso de todas esas personas allá adentro”, avisaba antes de poner un pie en la casa más famosa de la televisión hispana.
El intérprete de 49 años, quien ha participado en exitosas telenovelas de Telemundo como La mujer en el espejo, Doña Bárbara, Madre luna, Una Maid en Manhattan y Marido en alquiler, entre otras, llevaba varios años alejado de la televisión y el medio artístico en general.
:max_bytes(150000):strip_icc():format(webp)/PauloQuevedo2-0888099e50784588888d28c077984246.jpg)
En una conversación que tuvo con su compañera Serrath y que se pudo ver a través del canal 24/7, el actor abrió su corazón y habló del motivo que lo llevó a entrar al reality.
A diferencia de lo que han declarado muchos de los concursantes, entre ellos Maripily Rivera, Quevedo reconoció que fue la necesidad económica la que lo llevó a aceptar la invitación.
:max_bytes(150000):strip_icc():format(webp)/PauloQuevedo1-bbf36a986b1c420eb9703523e4e10287.jpg)
“A mí la pandemia me dio en la madre y desde entonces… En todos los sentidos. Los momentos más terribles y los momentos más felices los viví en la pandemia. El más feliz fue el nacimiento de mi hijo y el más terrible fue que el COVID se llevó a mi mamá. Y desde el nacimiento de mi hijo me dediqué a mi hijo, me desconecté del medio y he batallado para conectarme otra vez”, se sinceró el actor, quien cuenta con casi 300 mil seguidores en su perfil de Instagram.
Si no te quieres perder nada, suscríbete gratis aquí al boletín de People en Español para estar al día sobre todo lo que hacen tus celebridades favoritas, las noticias más impactantes y lo último en moda+belleza.
“Estoy por necesidad aquí corazón prácticamente”, admitió Quevedo.
La sinceridad del actor fue muy aplaudida en las redes sociales.
“Te admiraba pero ahora escuchándote te admiro más”, comentó una persona.
“Qué sincero, me encanta”, se puede leer en otro de los comentarios.
La casa de los famosos 4 se transmite a las 7 p. m., hora del Este, por Telemundo.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






