¡Duro golpe para Univisión! ¿Francisca en el centro de la polémica?

El conflicto entre Google y TelevisaUnivision ha generado gran revuelo en el mundo del streaming.
Los usuarios de YouTube TV se encontraron con una situación inesperada: varios de sus canales favoritos desaparecieron sin previo aviso.

VIDEO AL FINAL DEL CONTENIDO DEL DURO GOLPE QUE RECIBIO UNIVISION
Entre los más importantes se encuentran Univision, Galavisión y TUDN.

Todos ellos fundamentales para el público hispanohablante que depende de estas señales para informarse, entretenerse y disfrutar de los deportes en su idioma.
La desaparición de estas cadenas afecta directamente a los suscriptores del paquete básico y del complemento Spanish Plus.

Quienes ahora se sienten defraudados al perder el acceso a contenidos que forman parte de su vida diaria.
Muchos usuarios han expresado su molestia en redes sociales, pues consideran injusto que se les prive de estos canales sin una explicación clara o una alternativa inmediata.

La raíz del problema se remonta a las negociaciones entre ambas empresas.
TelevisaUnivision denunció que Google pretendía trasladar sus canales a un paquete adiciona.
Lo que implicaría un incremento del 18% en el costo para los usuarios, al que llamaron “impuesto hispano”. Esta medida fue interpretada como una forma de marginar al público latino y aumentar las ganancias a costa de su comunidad.
AQUI EL VIDEO DE LO SUCEDIDO CON UNIVISION
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Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
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Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
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Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
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