El clima en MasterChef que dejó en evidencia el momento personal de Wanda Nara tras la ruptura: “Infumable”
Lo que ocurrió durante una filmación dejó expuesto un presente personal sensible que vive la mediática

Luego de varias semanas marcadas por rumores de crisis y versiones de separación, Wanda Nara terminó de confirmar su ruptura con Martín Migueles. La relación venía atravesando un clima turbulento, atravesado por conflictos legales que salpicaron a su entonces pareja y por insistentes trascendidos de infidelidad. Todo ese combo terminó funcionando como detonante para ponerle punto final al vínculo y repercutir en su desempeño dentro de MasterChef.
Aunque la conductora demoró algunos días en reconocer públicamente la separación, este jueves 8 de enero fue Maxi López quien aportó un dato clave al revelar una charla privada que mantuvo con su ex. Según contó, Wanda le confirmó la ruptura y le dio autorización para decirlo. Sin embargo, el relato surgió a partir de una situación incómoda que se vivió durante las grabaciones de MasterChef, donde el ánimo de la mediática llamó la atención.

Maxi describió un momento de tensión que lo tomó por sorpresa. “Estaba en el house con los chicos, en Telefe, y me empiezan a put… por el celular. Y yo dije: ‘¿qué pasó?’. Empecé a ver reproche tras reproche, le pregunto si le pasaba algo y ella seguía…”, relató el exfutbolista, dejando entrever un fuerte estado de enojo por parte de Wanda. Informa Voces Críticas.
Fue en ese contexto que, según López, se enteró de la separación de Wanda. “En el corte que tenemos al medio del programa, pasé. Ella me autorizó a contarlo y me dijo: ‘No digas más esto porque no estoy más’. Yo fui a hacerla bajar un cambio porque no había hecho nada, no sé. Entonces fui a ver qué había pasado”, explicó, vinculando directamente ese estallido emocional con el final de la relación con Migueles.
Más tarde, en SQP, Ximena Capristo sumó información sobre cómo se vivió ese momento dentro de Telefe. Según contó, desde la producción del canal notaron que Wanda no estaba bien y decidieron acompañarla de cerca. “No estaría muy bien de humor. Estaba bastante infumable, que es la palabra que me dicen acá cuando me pasan la data. No la querían dejar sola porque realmente no la veían bien”, sostuvo la panelista. Y agregó: “La separación es un tema que la está afectando bastante”.
En la misma línea, Carla Conte reflexionó sobre lo difícil que resulta sostener el trabajo en medio de una crisis personal. “Es muy difícil estar en un mal estado anímico y tener que laburar. Verte espléndida, ser divertida, graciosa y ocurrente… es re difícil”, señaló. Las distintas voces coinciden en un punto: Wanda Nara atraviesa un momento sensible, en el que la exposición pública convive con un proceso personal que, por ahora, parece haberla desbordado.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






