Chiquinquirá Delgado conmueve a todos con un mensaje poderoso tras la emotiva despedida de Jorge Ramos de Univision

La noticia de la salida de Jorge Ramos de Univision, después de cuarenta años de impecable trayectoria, ha sacudido al mundo del periodismo. Pero fue el mensaje de Chiquinquirá Delgado, reconocida presentadora y pareja del periodista, lo que terminó de emocionar a miles de seguidores.
A través de sus redes sociales, Chiquinquirá compartió una fotografía llena de ternura junto a Ramos, acompañada de palabras que desbordaban admiración y cariño. “Hoy se cierra un capítulo, pero tu legado en el periodismo sigue más fuerte que nunca. No hay palabras para describir lo orgullosa que me siento de todo lo que has logrado”, escribió, dejando claro el profundo respeto y amor que siente por él.
En su mensaje, Chiqui no solo celebró la carrera profesional de Ramos, sino también su calidad humana. Destacó cómo Jorge ha tocado la vida de millones de personas, no solo como periodista, sino como un verdadero defensor de los derechos humanos y la justicia. “Gracias por tu valentía, por alzar la voz de los que no la tienen y por nunca rendirte ante la adversidad”, añadió.
La despedida de Ramos marcó el final de una era en la televisión hispana, y el mensaje de Chiquinquirá resonó con fuerza entre colegas, amigos y seguidores. Las palabras de la presentadora no solo reflejan el impacto profesional de Ramos, sino también el amor y la admiración que inspira en quienes lo rodean.

Así, la relación de Jorge Ramos con su audiencia y su huella en el periodismo permanecen intactos, mientras inicia un nuevo capítulo en su vida, acompañado del apoyo incondicional de Chiquinquirá Delgado y de todos aquellos que han seguido su brillante carrera.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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