¡Escándalo en La Rosa de Guadalupe! El productor del famoso programa revela que Ángela Aguilar solicitó su despido, generando controversia y sorprendiendo a los fans. ¿Qué motivó esta inesperada petición? Descubre todos los detalles y mira el video exclusivo en el enlace de los comentarios.
Productor de La Rosa de Guadalupe revela que Ángela Aguilar pidió su despido
Luego de la transmisión del capítulo titulado Fan de su relación, el productor, Miguel Ángel Herros, reveló en entrevista con Shanik Berman, que la artista pidió su despido.

Ciudad de México.- La cantante Ángela Aguilar pidió el despido del productor de La Rosa De Guadalupe, habría intentado intervenir en el contenido de La Rosa de Guadalupe luego del estreno de un polémico capítulo que estaría inspirado en el triángulo amoroso con su esposo, Christian Nodal y la artista argentina Cazzu.
El productor del programa, Miguel Ángel Herros, reveló en entrevista con la periodista Shanik Berman que el entorno de Aguilar no solo expresó su descontento públicamente, sino que incluso la cantante habría manifestado su intención de pedir el despido del guionista responsable del episodio.
“Se hizo lo de Ángela Aguilar, quien dijo: ‘Voy a hablar con Herros para que lo corran’. No hablaron, pero hicieron varias publicaciones de por qué habíamos hecho eso”, comentó Herros.
En la rosa de Guadalupe hay cosas que se sacan de la vida real como el caso de Ángela Aguilar que pidió que me corrieran: Miguel Ángel Herros productor de La Rosa de Guadalupe pic.twitter.com/kEVw29A5i8
— Shanik Berman (@shanikberman) April 18, 2025
La controversia surgió tras la transmisión del capítulo titulado Fan de su relación. En el episodio, una joven llamada Angélica se obsesiona con la relación sentimental de su amigo Tristán y su novia Juli, al punto de intervenir negativamente en su noviazgo.
La historia generó especulaciones en redes sociales por sus aparentes similitudes con la situación mediática entre Aguilar, Nodal y Cazzu.
Related Articles
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a…
El polvo del camino parecía una mortaja suspendida en el aire caliente del mediodía. Doña Carmen, con sus setenta y dos años a cuestas y un corazón que latía con la irregularidad de un reloj viejo, observó el rancho desde la ventanilla de la camioneta. Había dejado el pueblo con una maleta de cuero cuarteado y una esperanza frágil: que su hijo Martín, aquel niño que ella había criado entre surcos y sacrificios, fuera el puerto seguro para sus últimos días.
El polvo del camino parecía una mortaja suspendida en el aire caliente del mediodía. Doña…
El Audi R8 negro se detuvo frente a la fachada de ladrillo visto y pintura desconchada en las afueras de la ciudad. El contraste era una herida abierta: el brillo impoluto de la ingeniería alemana contra el gris cenizo de un refugio que parecía sostenerse solo por la inercia de la necesidad. Leonardo Ruiz permaneció dentro, con el motor encendido, dejando que el aire acondicionado mantuviera su burbuja de privilegio a salvo del calor pegajoso de la tarde.
El Audi R8 negro se detuvo frente a la fachada de ladrillo visto y pintura…
El servicio en Ilgio era menos un servicio y más un ataque de pánico sincronizado. En el corazón del distrito financiero de Manhattan, el restaurante era una catedral de mármol, caoba y dinero antiguo. Era el tipo de lugar donde una botella de vino costaba más que el alquiler de Sofia y los clientes hablaban en susurros sobre fusiones, adquisiciones y cosas que a personas normales las meterían en la cárcel federal.
El servicio en Ilgio era menos un servicio y más un ataque de pánico sincronizado.…
Aquella historia comenzó mucho antes de que yo supiera quién era. Pero en ese momento, bajo el sol abrasador de Querétaro que parecía querer fundir el asfalto, yo solo era el jardinero nuevo.
Aquella historia comenzó mucho antes de que yo supiera quién era. Pero en ese momento,…