Reconocido diseñador hunde a Lina Luaces de cara al Miss Universo

El camino de Lina Luaces hacia el Miss Universo parece no estar siendo nada fácil. La hija de Lili Estefan, quien fue elegida como representante de Cuba.
Nuevamente se encuentra en el ojo del huracán tras unas declaraciones que han generado un fuerte revuelo en el mundo de la moda y la belleza.

El reconocido diseñador Marco Micheti, figura influyente en la industria, no tuvo reparos en expresar públicamente su opinión sobre la joven candidata.
Asegurando que “no tiene la belleza ni las cualidades necesarias para competir en un certamen de esta magnitud”.
VER EL VIDEO AL FINAL DE ESTE ARTICULO.

Las palabras del diseñador han caído como un balde de agua fría entre los seguidores de Lina, quienes han salido a defenderla en redes sociales resaltando su disciplina y dedicación.
Sin embargo, otros opinan que Micheti solo puso en voz alta lo que muchos críticos de concursos ya venían comentando: que Lina no cumple con el perfil que usualmente busca el jurado de Miss Universo.

Lo cierto es que este tipo de señalamientos puede convertirse en un obstáculo emocional para la modelo cubana, que apenas inicia su carrera en la pasarela internacional.
Aunque Micheti es conocido por su carácter directo y sin filtros, sus declaraciones han sido catalogadas como “crueles” e “innecesarias” por algunos especialistas, quienes consideran que las candidatas merecen respeto en su preparación.

Mientras tanto, Lina Luaces guarda silencio, concentrada en su entrenamiento y en reforzar sus habilidades para demostrar que sí tiene lo necesario para representar con orgullo a su país.
El tiempo dirá si las duras críticas de Micheti logran opacar su camino o si, por el contrario, servirán como motivación para brillar más fuerte en el escenario de Miss Universo.
VIDEO
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






