¡Escándalo en Telemundo! Clovis revela secretos ocultos y enfrenta traiciones inesperadas en su regreso
¡Clovis Nienow está que arde en Telemundo!
Desde su salida de La casa de los famosos, no ha dejado de brillar y ahora da un paso más en su carrera con un proyecto que promete marcar un antes y un después en su trayectoria.

VER ABAJO VIDEO: CLOVIS NIENOW SIGUE CRECIENDO EN TELEMUNDO.
El carismático presentador ha conquistado no sólo la pantalla, sino también el corazón del público y de sus compañeros en Hoy Día.
Su energía, autenticidad y talento lo han convertido en uno de los favoritos del canal.

Y ahora, ¡se viene lo grande!
Clovis lanza su propio talk show: Préndete con Clovis, un segmento dentro de Hoy Día donde las entrevistas prometen ser fuego puro.

El primer invitado no podía ser otro que Pedro Moreno… ¡y se viene candela!
Esta nueva etapa representa mucho más que un logro profesional; es el reflejo de su crecimiento personal tras superar momentos difíciles, como su ruptura con Aleska Génesis.

Hoy, Clovis está enfocado en lo positivo, en seguir construyendo y, sobre todo, en amarse a sí mismo.
No te pierdas este estreno lleno de emoción, risas y grandes revelaciones.

Préndete con Clovis es sólo el comienzo de una aventura prometedora que, sin duda, dará mucho de qué hablar.
VER VIDEO AQUÍ…
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Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
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Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
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El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
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Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
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