Wanda Nara recordó su vida en el año 2016 y un detalle que luego borró llamó la atención
La conductora se sumó al trend viral llamado “2026 es el nuevo 2016″ y compartió las fotos con sus hijos de pequeños
Wanda Nara se sumó al trend viral llamado “2026 es el nuevo 2016″, donde la gente se encarga de mostrar cómo era su vida en el año 2016, diez años atrás, y sorprendió a sus seguidores al compartir una serie de fotos familiares en sus historias de Instagram. Lo que más llamó la atención fue que, entre las imágenes, incluyó una con Mauro Icardi, su expareja y padre de sus dos hijas mujeres, con quien mantiene un fuerte enfrentamiento público desde hace meses.
En uno de los collages, Wanda compartió cuatro momentos de su embarazo: Francesca, muy pequeña, dibujando sobre su panza; Wanda recostada en una cama de clínica, lista para dar a luz; el reencuentro en la habitación con Francesca y la recién nacida Isabella en la cuna; y una imagen íntima amamantando a la beba, reflejando el costado más maternal y cotidiano de la empresaria en ese entonces.
Otra postal muestra a los cinco hermanos juntos en el living de la casa, vestidos con la indumentaria del Inter de Milán, el club donde jugaba Icardi. Valentino, Constantino y Benedicto llevan camperas blancas y pantalón corto, mientras Francesca luce la camiseta azul y negra; todos sonríen a cámara, y el espíritu familiar y futbolero de la época se siente en la escena.



Un collage tipo Polaroid fechado en 2016 suma aún más nostalgia: aparece una imagen de Icardi con el rostro tachado con marcador negro, seguida de una foto de Wanda embarazada y varias instantáneas de Francesca, Isabella y los hermanos jugando, posando e incluso de la mascota de la familia. La postal transmite la mezcla de juego, rutina y vida doméstica de aquel entonces. Esta foto decidió borrarla y a los pocos minutos la volvió a subir, pero con el delantero del Galatasaray tapado con el ala de un ángel
La complicidad entre hermanos queda reflejada en imágenes de los chicos abrazados, riendo y en pijama en el living, bajo la leyenda “2016 Chiquititos míos”. Wanda evocó también su cumpleaños de ese año: sentada a la cabecera de la mesa, rodeada de sus cinco hijos y una torta con velas, con Isabella en brazos y Francesca en una sillita alta. Otra selfie la muestra acostada en una alfombra verde con forma de pelota de fútbol, junto a los niños y autitos de juguete, una imagen que captura el bullicio y el juego en casa.
No faltó la clásica foto embarazada en bikini negro sobre la cubierta de un yate, con el mar y la costa de fondo, fechada el 25 de septiembre de 2016, y un primer plano de las piernas y pies de sus cinco hijos acostados juntos en la cama, todos con pijamas grises, bajo la frase: “2016. Los hermanos más unidos del mundo”.



Con este repaso visual, Wanda Nara revivió el calor y el bullicio familiar de hace diez años, apostando a la memoria, la nostalgia y la importancia de los afectos, aun en medio de la distancia y los conflictos actuales. Al incluir a Mauro Icardi en pleno conflicto público, la empresaria generó sorpresa, debate y emoción entre sus seguidores, recordando que, pese a todo, la historia familiar y los recuerdos compartidos siguen formando parte de su identidad y su vida.
Con esta selección de recuerdos, Wanda Nara revivió el calor y la vida familiar de hace una década, apostando a la memoria y la nostalgia en medio de los conflictos actuales. Su decisión de incluir a Icardi, a pesar de la pelea pública, agregó un matiz inesperado y volvió a instalar el debate sobre el peso de los recuerdos y la historia compartida, aun cuando el presente esté signado por la distancia y la polémica.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






