Francisca revela lo peor de su bebé Raffaella; “se parece mucho a mi y siento miedo de que sufra cuando sea grande”

Durante una reciente conversación con su compañero y amigo Jomari Goyso, la presentadora dominicana Francisca Lachapel conmovió a los televidentes al abrir su corazón y hablar con total honestidad sobre su hija Raffaella, fruto de su matrimonio con el empresario italiano Francesco Zampogna.
En un emotivo momento transmitido mientras conducían un auto, Francisca confesó entre lágrimas lo que considera “lo peor” de su bebé: que se parece demasiado a ella.
VER EL VIDEO DE ESTE MOMENTO Y TODO LO QUE DIJO FRANCISCA AL FINAL DE ESTE CONTENIDO.

La ganadora de Nuestra Belleza Latina 2015 explicó que, aunque ama profundamente a su pequeña, esa similitud física y emocional le causa temor, pues siente que su hija podría enfrentar los mismos desafíos que ella vivió en su infancia y juventud.
“Raffaella se parece tanto a mí que a veces me da miedo. Miedo de que sufra, de que sienta el rechazo o la inseguridad que yo sentí cuando era niña”, expresó con la voz entrecortada.

Francisca recordó que crecer en Azua, República Dominicana, no fue fácil para ella. Desde temprana edad, fue víctima de burlas por su tono de piel, su cabello rizado y su forma de hablar.
Esos episodios marcaron su autoestima y la motivaron, años después, a luchar por romper estereotipos y a usar su voz para inspirar a otras mujeres.
“Yo solo quiero que mi hija se ame, que no tenga que pasar por todo lo que yo pasé para entender su valor”, añadió con lágrimas en los ojos.

Jomari Goyso, visiblemente conmovido, le recordó a Francisca que su experiencia le da una gran ventaja como madre, ya que podrá guiar a su hija con amor, comprensión y fortaleza.
“Tú ya sabes lo que duele y también sabes cómo sanar. Eso hará que Raffaella crezca con una madre fuerte y consciente”, le respondió el estilista español.
El momento rápidamente se volvió viral en redes sociales, donde cientos de fanáticos y colegas de la televisión expresaron su apoyo a Francisca.

Muchos destacaron la valentía con la que la conductora suele hablar de temas sensibles, mostrando su lado más humano y alejado de la perfección que a veces se proyecta en la televisión.
Con su testimonio, Francisca recordó a todos que ser madre no solo implica dar amor, sino también enfrentarse a los miedos más profundos.
Su deseo es claro: que Raffaella crezca libre, segura y orgullosa de quien es, sin tener que cargar con las heridas que una vez marcaron a su madre.
VIDEO
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






