Gustavo Adolfo Infante critica la constante presencia de Ángela Aguilar en los conciertos de Christian Nodal
El conductor criticó que Angela Aguilar en todos los conciertos de su esposo, Christian Nodal.

El periodista de espectáculos Gustavo Adolfo Infante expresó su inconformidad respecto a la constante aparición de Ángela Aguilar en los conciertos de Christian Nodal. Durante una transmisión en su canal de YouTube, el comunicador cuestionó si es necesario que la cantante acompañe a su esposo en todas sus presentaciones, lo que ha generado diversas opiniones en redes sociales.
Infante abordó el tema durante una conversación con Verónica Garay, coordinadora editorial de TVNotas, quien también compartió detalles sobre supuestos celos por parte de Aguilar. De acuerdo con Garay, Ángela habría contratado personal para vigilar a Nodal en sus compromisos cuando ella no puede estar presente, situación que sorprendió al periodista.
“Yo entiendo que están casados, que se aman mucho, pero que esté Ángela en las presentaciones del marido, en todas… y cuando no puede estar, pues ya le puso cola pa’ que lo sigan.”
— Gustavo Adolfo Infante
Los fans también se han quejado
Estas declaraciones se suman al creciente descontento de los seguidores de Nodal, quienes han manifestado su molestia por el protagonismo que ha tomado Aguilar en los conciertos del sonorense. En su más reciente presentación, la artista volvió a subir al escenario junto a su esposo, lo que generó críticas entre el público.

Acusan a Ángela Aguilar de usar Photoshop en fotos junto a Christian Nodal
En el pasado, Nodal ya había enfrentado críticas similares y decidió dejar de invitar a Aguilar al escenario, lo que fue bien recibido por su audiencia. Sin embargo, su reciente reincorporación a las presentaciones ha reactivado las quejas y comentarios negativos.
La relación entre ambos cantantes ha estado envuelta en controversia desde que se confirmó su romance tras la separación de Nodal con Julieta Cazzuchelli. Desde entonces, la pareja ha sido señalada por diversos medios y usuarios en plataformas digitales, quienes consideran que la dinámica entre ellos podría estar perjudicando su carrera profesional.

News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






