Juli Poggio conmueve al pedir oraciones por Thiago Medina: “Todos unidos por su salud”
La influencer propuso una visualización especial para acompañar a su amigo, que está internado en estado crítico hace dos semanas. La familia y el entorno, en vigilia constante


El mensaje de aliento que Julieta Poggio compartió en sus redes sociales se convirtió en un símbolo de apoyo para Thiago Medina, quien permanece en estado delicado tras un accidente. La ex participante de Gran Hermano eligió transmitir esperanza a través de una publicación en la que invitó a sus seguidores a sumarse a una cadena de energía positiva para su amigo.
En su historia de Instagram, Poggio propuso una breve meditación guiada, instando a quienes la leyeran a visualizar a Thiago rodeado de luz y a enviarle pensamientos de recuperación. “Sentate en un lugar tranquilo. Cerrá los ojos. Respirá profundo unas cuantas veces. Visualizá a tu amigo o compañero rodeado de luz (puede ser blanca, dorada, verde, lo que sientas)”, escribió la influencer, según se pudo ver en la imagen publicada.

La publicación incluyó un mensaje directo para quienes quisieran acompañar a Medina en este momento difícil: “Podés imaginar que le estás sosteniendo la mano, abrazando o simplemente enviando un deseo: ‘Recupérate. No estás solo’”. El texto estuvo acompañado por un corazón rojo vendado, símbolo del afecto y la preocupación de Poggio por la salud de su amigo. La joven dejó en claro su apoyo incondicional, mientras Thiago continúa internado y rodeado del afecto de su familia, amigos y compañeros del reality.
La actriz es mucho más que una excompañera de Gran Hermano. Con él y Daniela Celis, la madre de las hijas de Thiago, forjaron una amistad que la convirtió en madrina de una de las gemelas. De allí que su voz siempre se levanta para pedir por la salud de su amigo, internado desde hace dos semanas en estado crítico.
Juli Poggio contó la angustia que siente por Thiago Medina: “Me pegó muchísimo”
En una publicación reciente, Poggio expresó su esperanza en la mejoría de Medina y destacó la importancia del acompañamiento colectivo: “Sé que todo va a estar bien. Hay muchísima gente mandando su luz, es lo que Dani pide siempre, cadena de oración para Thiago Agustín Medina. Juro que todo el amor llega y que sus fuerzas están llegando a él. Y sé que él es fuerte y lo va a hacer por sus hijas. Es lo único que podemos hacer. Así que por favor, sigamos con la cadena de oración para Thiago”.
Este mensaje fue acompañado por una imagen en la que se la ve junto a Thiago Medina, Romina Uhrig y Daniela Celis, todos exparticipantes del reality, recordando momentos compartidos antes del accidente. La joven también relató el impacto emocional que atraviesa desde la internación de su amigo, señalando que le resulta difícil afrontar sus compromisos laborales y que “me acuesto llorando y me levanto llorando”. Además, subrayó que cada novedad sobre la salud de Medina la afecta profundamente, ya que toda su energía y pensamientos están con él y su entorno cercano.
Como una Gran Familia
Tres meses después de su separación, Daniela Celis y Thiago Medina compartieron una jornada al aire libre junto a Julieta Poggio, Nacho Castañares y las gemelas Laia y Aimé, hijas de la expareja. El encuentro, que reunió a los padrinos de bautismo de las niñas, generó repercusión inmediata en redes sociales y entre seguidores.

Durante la salida, las imágenes difundidas mostraron a las gemelas como protagonistas, explorando y jugando en una granja, rodeadas del afecto de sus padres y padrinos. En una publicación, Julieta Poggio resumió el clima del día con la frase “sábado en familia”, reflejando la armonía que predominó pese a los rumores sobre la vida sentimental de los adultos.
La presencia de Julieta Poggio y Nacho Castañares como padrinos consolidó el lazo con las gemelas y acompañó la transición familiar. La reunión evidenció la prioridad de ambos padres en preservar el bienestar de Laia y Aimé, manteniendo la cooperación y el apoyo mutuo más allá de la ruptura.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






