El cantante sonorense sorprendió con la reincorporación de su primer mánager, Alex Jiménez, y Cristy Nodal hizo una promesa.

Christian Nodal llevará por siempre sus dos relaciones más polémicas previas a su matrimonio con el también controversial, Ángel Aguilar. Antes de su actual legítima esposa, el cantante sonorense estuvo con Belinda y luego con Cazzu, con la trapera argentina tuvo a su hija Inti, a quien, Cristy Nodal, ama con locura.
Resulta que Cristy Nodal, madre Christian Nodal, tuvo un guiño frente a un posteo sobre Belinda, que alborotó a la prensa. ¿Por qué el escándalo? A la luz de las redes sociales, la madre del cantante de ‘Botella Tras Botella’, no quiere a Ángela Nodal y a su familia, y cada vez que puede, lanza sus indirectas en su contra y cada tanto muestra su amor por sus exnueras.

Javier Ceriani
El Like de la mamá de Christian Nodal a un poteo relacionado a Belinda
En una cuenta fan se compartió información audiovisual de Belinda, y los astutos seguidores, se percataron de forma rápida que Cristy Nodal le había dado Like a esta publicación, ratificando así su distanciamiento con su actual y legítima nuera y de paso, generando polémica en los medios.
En los tiempos actuales de redes sociales, un Like tiene mucho poder y marca opiniones tanto como un posteo o un posteo, de ahí que esté Like de la mamá de Nodal la una mención sobre Belinda o en otros momentos a Cazzu, revolucionan los portales y marcan la distancia entre la mamá del cantante y su familia política.

Christian Nodal contrató de nuevo a su primer mánager
El cantante sonorense volvió a confiar en el trabajo de Alex Jiménez, el mánager que lo acompañó al inicio de su carrera musical. ‘Viví muchos momentos lindos con él y hemos formado una gran amistad’, dijo el cantante en la bienvenida a su mánager.
Cristy Nodal también tomó el micrófono y dio sus palabras de bienvenida: ‘Quiero agradecerte mucho Alex y tenemos la plena confianza en que todo esto va a salir muy bien. A parte de mánager soy mamá y él es un gran artista y ahí estamos para todos ustedes’.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






