Mamá de Aislinn Derbez juraba que Eugenio Derbez era gay cuando lo conoció porque bailaba ballet
La actriz confesó cómo se dio el flechazo entre sus papás en una entrevista con Yordi Rosado

Aislinn Derbez, conocida por su participación en películas como “A la mala” y “Hazlo como hombre”, se sinceró sobre la relación de sus papás en una entrevista con Yordi Rosado para su canal de YouTube.
Pese a que la actriz ha optado por mantener reservados varios aspectos de su vida personal, sorprendió al hacer inesperadas confesiones sobre la primera impresión que su mamá tuvo de su papá, Eugenio Derbez.
“Mi papá era maestro de ballet de mi mamá. Le daba clases de ballet, pero mi papá era más chico que mi mamá. Se conocieron en una academia de ballet, donde mi papá era el maestro. Mi mamá juraba que mi papá era gay porque bailaba ballet”, contó.
De acuerdo con la también modelo mexicana, cuando el comediante conoció a su mamá tenía 22 años y era muy tímido y cero extrovertido.
“Era como muy introvertido, muy timido, muy femenino, y bailaba ballet, entonces mi mamá decía: ‘Este es gay’”, agregó.

Sin embargo, Gabriela Michel, mamá de Aislinn, se llevó una gran sorpresa cuando el actor de “No se aceptan devolucioones” le tiró la onda, pues aunque todas sus amigas estaban fascinadas con él insistían en que era gay.
“Mi mamá es una mujer sumamente de carácter muy fuerte; demasiado, se lo ligó y resulta que no era gay, entonces así empezó esa historia”, compartió.
Eugenio Derbez y Gabriela Michel se describen como su primer amor
De acuerdo con la hija mayor del comediante, lo que puede confirmar es que sus padres se consideran el primer gran amor del otro.
“Fueron el gran amor. Ese primer amor que te atropella, que arrasa con todo y que no sabes ni qué hacer con él porque es demasiada pasión, demasiada intensidad, demasiado espejo, demasiadas heridas que empiezan a salir, eso fueron el uno para el otro”, detalló.
Finalmente, la actriz confesó que la razón por la que la relación de sus papás no prosperó fue principalmente por su carácter, pues cuando se conocieron Eugenio aún era “muy hijo de sus papás”, pero su mamá lo obligó a madurar.
“Nunca se casaron. Siempre se llevaron mal. Creo que nunca estuvieron en paz porque tienen personalidades completamente que no tienen nada que ver, son personalidades que no son compatibles”, concluyó.

Asimismo, agregó que una de las razones por las que su papá es tan exigente actualmente es por la relación que tuvo con su mamá, pues en ese entonces lo veía insuficiente y él quería demostrarle que sí podía.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






