Manelyk González Rompe el Silencio Sobre el Odio Contra Ángela Aguilar: “Ser Figura Pública Es Vivir en el Ojo del Huracán”
![]()
Durante la glamorosa alfombra dorada del evento “Mujer del Año 2024”, Manelyk González, siempre franca y sin filtros, fue abordada sobre el vendaval de odio que han enfrentado Ángela Aguilar y Ricardo Peralta en redes sociales. Con la experiencia de quien conoce de primera mano el precio de la fama, Manelyk no dudó en solidarizarse y reflexionar sobre el escrutinio implacable al que se ven sometidas las figuras públicas.
“Estar en el ojo público es como ser un libro abierto: a veces nos beneficia, pero también estamos a merced de los chismes y las críticas más despiadadas. Hay que aprender a soportarlo”, confesó la estrella de realities, dejando claro que, aunque el odio es parte del paquete, nunca deja de doler.
Sobre el escándalo de infidelidad que envuelve a Ángela Aguilar tras hacer oficial su relación con Christian Nodal, Manelyk fue tajante: “No tengo nada que opinar porque no conozco la historia completa”. Además, recordó que ella misma ha sido injustamente señalada de intervenir en relaciones ajenas, cuando en realidad la situación era completamente distinta.
Manelyk lamentó que, pese a vivir en una época donde se promueve la sororidad, la mayoría de las críticas más duras provienen de otras mujeres. “Es triste, porque se supone que deberíamos apoyarnos, pero la realidad es otra”, aseguró. Al referirse a los abucheos que Ricardo Peralta sufrió durante el estreno de “Wicked” en CDMX, la influencer admitió que prefirió no seguir viendo más para no llenarse de negatividad.
Finalmente, la exestrella de AcaShore reconoció que las redes sociales pueden ser una fuente constante de ataques, y aunque a veces le afectan, su vida real está llena de compromisos y proyectos que el público desconoce. “La gente y los medios olvidan que también somos personas, que tenemos una vida más allá de las cámaras. ¡Eso sí que da miedo!”, concluyó con una sonrisa irónica.
Así, Manelyk González invita a la reflexión: ¿Hasta dónde llega el precio de la fama y por qué el odio, en vez de la empatía, sigue marcando la conversación pública?
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






