Marley y Wanda Nara chocan en MasterChef: comentario sobre Icardi desata tormenta
El conductor ingresó al reality para cubrir el lugar de Maxi López y en pocos minutos logró lo impensado; incomodar a Wanda Nara y poner en aprietos a Damián Betular

Marley se sumó este jueves a las cocinas de MasterChef Celebrity en reemplazo de Maxi López, quien debió viajar a Suiza por motivos personales. Su llegada no pasó inadvertida: con su humor característico y espontaneidad, el conductor se convirtió rápidamente en el centro de atención, especialmente para Wanda Nara.
Apenas tuvo oportunidad, la conductora se acercó a la estación donde Marley cocinaba y le lanzó una pregunta con evidente doble sentido: “¿Te gusta el fútbol, Marley?”. Sin imaginar lo que vendría, él respondió con naturalidad: “Sí, me gusta el fútbol”. Pero Wanda no tardó en rematar con picardía: “Ahora me acordé, obvio que te gusta el fútbol si fuiste a entrevistar a mi ex”, en referencia a Mauro Icardi.

Lejos de incomodarse, Marley siguió el juego con su habitual humor. Durante su entrevista individual comentó entre risas: “Ella quiere saber de Icardi”. Luego se hizo el distraído y bromeó: “¿Era tu ex? No sabía”. La conversación siguió con Wanda insistiendo: “Contame la verdad, cómo lo viste”, a lo que el conductor respondió contando su experiencia en Turquía: “Hablé con la gente de Galatasaray, fueron muy amables, nos invitaron al club. Él nos invitó al palco para ver el partido desde ahí. Tenía un palco de él”.

Sin perder el ritmo, Wanda retrucó divertida: “Que era mío”. Y Marley le respondió con una ocurrencia que hizo estallar de risa al estudio: “Decía ‘Wanda’, pero estaba tachado y había otro nombre”. El intercambio dejó claro que la química y el humor entre ambos sigue intacto, incluso en medio de bromas sobre su pasado sentimental.
Desde su ingreso, el conductor mostró por qué es una de las figuras más queridas de la televisión. Apenas puso un pie en la cocina, rompió el hielo diciendo: “Tengo mucha información de cada uno de ustedes. A Betular lo conozco de antes de que fuera famoso”. Ante la broma, entre risas, se escuchó un divertido “¡Opa!” que marcó el tono distendido del programa.
Y fiel a su estilo, Marley fue más allá. En otra entrevista individual lanzó una confesión inesperada: “Tengo un video de Betular de hace muchos años cantando Ariana Grande. Me llega a echar…”, dijo entre carcajadas, dejando claro que no piensa callarse ningún recuerdo gracioso. Aunque su participación será breve, su paso por MasterChef Celebrity ya dejó huella: diversión, camaradería y ese toque de locura que solo Marley puede aportar.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






