¿Paquita la del Barrio y su hermana se reconciliaron? Viola REVELA la VERDAD

Posted by

Francisca Viveros Barradas, mejor conocida en el medio artístico nacional e internacional como Paquita la del Barrio, murió el 17 de febrero a los 77 años de edad. De acuerdo con los últimos reportes, la estrella de regional mexicano perdió la vida tras sufrir un infarto fulminante mientras dormía en su casa, ubicada en Xalapa, Veracruz.

La intérprete de Rata de dos patas o Tres veces te engañé, por mencionar algunas de sus canciones más famosas, llevaba varios meses luchando contra diferentes enfermedades, tales como un problema de ciática derivado de una trombosis pulmonar.

La también cantante y exparticipante de La Voz Senior reapareció en su cuenta oficial de Facebook para compartir unas conmovedoras palabras en memoria de su hermana, con quien pasó varios años distanciada, pero se reconcilió poco antes de su partida.

“Hermana, te amo. Todo el año pasado y este nos pasamos juntas. Sé que te fuiste tranquila”, comenzó.

Asimismo, narró cómo fueron los últimos momentos que pasaron juntas: “Ayer comimos bien, estábamos platicando y hasta jugamos en el celular. Te fuiste a dormir tranquila y así te fuiste. Ya estás con mamá y hermanos; me dejaste sola, hermana. Te amo. Besos hasta el cielo”.

(FB: Viola Dorantes)

¿Por qué Paquita la del Barrio se distanció de su hermana Viola Dorantes?

La relación entre las hermanas Viveros se habría fracturado debido a un conflicto familiar que habrían tenido tras la muerte de su madre, Aurora Barradas.

Otra versión apunta a que Viola Dorantes habría lanzado algunas declaraciones sobre Paquita la del Barrio que afectaron su relación.

La relación entre Paquita la del Barrio y Viola Viveros no siempre fue distante, pues ambas incursionaron en la industria musical cuando eran jóvenes en un dúo al que llamaron, Las Golondrinas.

Con el paso del tiempo, decidieron seguir sus caminos por separado y solo la carrera de Paquita la del Barrio despuntó gracias a sus poderosas letras contra el machismo. Y es que es considerada como una de las primeras artistas mexicanas en hablar sobre el maltrato y la violencia.

Entre sus frases más populares, destacan las siguientes:

“¡Me estás oyendo, inútil!”
“Rata de dos patas, te estoy hablando a ti”
“Alimaña, culebra ponzoñosa”
“Maldita sabandija, cuánto daño me has hecho”
“Tres veces te engañé, la primera por coraje, la segunda por capricho y la tercera por placer”

News

Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.

Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…

Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.

Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…

El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.

El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…

Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.

Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…

Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.

Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…

El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.

El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…

End of content

No more pages to load

Next page