¿Para Cazzu? Ángela Aguilar asegura que nunca “atacaría” a una mujer: “Yo no formo parte de ese juego”
La cantante aseguró que su nuevo disco busca empoderar a las mujeres

En una reciente entrevista con TV Azteca, Ángela Aguilar compartió detalles sobre su más reciente producción discográfica, titulada Nadie se va como llegó, un proyecto que marca un hito en su carrera al ser producido por ella misma.Durante la conversación con el periodista Jesús Cisneros, la cantante destacó que este álbum no solo representa un avance artístico, sino también un esfuerzo por promover la inclusión y el empoderamiento femenino dentro de la industria musical.Según explicó una de las decisiones clave en la creación de este disco fue integrar a mujeres talentosas en su equipo de trabajo. “Como que dije… este disco va a ser enfocado en justamente sacar el talento femenino. Me gusta mucho poder compartir un poco de esta atención que tengo con mujeres que valen la pena. Está muy padre poner este granito de arena para que más mujeres se metan”, expresó.

Asimismo, Ángela Aguilar reflexionó sobre los ataques que ha enfrentado en redes sociales, destacando las diferencias en el trato que reciben hombres y mujeres en estos espacios digitales.“Me he dado cuenta que a los hombres no les hacen eso (ataques) quizás hay una rivalidad más no es un ataque. Y yo siento que en las mujeres es completamente un ataque. Es un como un… tú… contra ti porque tú cantas esto y tú dices esto… y tú ganaste esto…”, declaró.La intérprete también dejó claro que no participa en este tipo de dinámicas y que su enfoque en la música no tiene como objetivo enviar mensajes negativos hacia otras personas, especialmente hacia otras mujeres.

“Yo no formo parte de ese juego, para mí, la música es mi lenguaje más no es un mensaje que yo quiero dar. Yo lo que saco es porque me gusta la canción, no porque le quiero tirar a alguien y menos a una mujer. Jamás lo haría y jamás lo voy a hacer”, aseguró.Ante dichas declaraciones, internautas comenzaron a especular sobre las palabras de Ángela. Pues relacionaron sus comentarios con una de las canciones lanzada por la cantante argentina Cazzu, ex pareja de Christian Nodal.El sencillo titulado “Con Otra”, hace algunos meses estalló las redes y ha generó una ola de comentarios entre sus seguidores por la posible dedicatoria para Ángela Aguilar. Ya que la letra de este controversial tema, ha sido interpretada por muchos como un mensaje indirecto a la situación amorosa de Nodal, quien contrajo matrimonio con Ángela enseguida de terminar oficialmente su relación con la rapera.Cabe señalar que Julieta Cazzuchelli negó dichos rumores.
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Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
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Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
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El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
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Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
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