Ángela Aguilar aseguró que no hay representación femenina en la música mexicana: “Siempre fui la única mujer en el estudio”
La cantante señaló que busca empoderar a las mujeres a través de su nuevo disco

Ángela Aguilar destacó la importancia de la representación femenina en la industria musical al hablar sobre su más reciente producción discográfica. La artista explicó que, por primera vez, trabajó con un equipo conformado por varias mujeres profesionales.
En una entrevista para Apple Music, la hija de Pepe Aguilar reflexionó sobre su experiencia previa, donde señaló la escasa presencia de mujeres.
Según explicó, en las producciones anteriores realizadas junto a su padre y su hermano, la mayoría de los equipos estaban integrados por hombres. “Yo siempre fui la única mujer en el estudio, en todas las sesiones de composición, en general en las producciones de mi papá, de mi hermano. Creo que habían una o dos coristas y yo… y mi mamá”, comentó.
De igual manera Aguilar subrayó la necesidad de abrir más espacios para las mujeres en la industria. “La realidad es que no hay suficiente representación femenina en la música mexicana. Sea enfrente de la cámara o detrás de la cámara faltan muchas más posiciones para mujeres”, afirmó.

Por lo que Ángela decidió utilizar su plataforma para brindar oportunidades a mujeres talentosas. “Si yo tengo esta plataforma y tengo la posibilidad, pues me encantaría darle la oportunidad a las mujeres que lo merecen porque al final del día no se trata de género, se trata de talento”, explicó.
En otra entrevista para TV Azteca, Ángela compartió detalles sobre su álbum titulado Nadie se va como llegó. Pues durante la conversación con el periodista Jesús Cisneros, la cantante destacó que este álbum no solo representa un avance artístico, sino también un esfuerzo por promover la inclusión y el empoderamiento femenino dentro de la industria musical.
No obstante sus declaraciones fueron criticadas por internautas pues señalan que pudo haber enviado una presunta indirecta hacia Cazzu. Ya que la menor de la dinastía Aguilar aseguró que ella no manda mensajes con sus canciones.

“Yo no formo parte de ese juego, para mí, la música es mi lenguaje más no es un mensaje que yo quiero dar. Yo lo que saco es porque me gusta la canción, no porque le quiero tirar a alguien y menos a una mujer. Jamás lo haría y jamás lo voy a hacer”, declaró.
“Me he dado cuenta que a los hombres no les hacen eso (ataques) quizás hay una rivalidad más no es un ataque. Y yo siento que en las mujeres es completamente un ataque. Es un como un… tú… contra ti porque tú cantas esto y tú dices esto… y tú ganaste esto…”.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






