La mamá de Poncho de Nigris llama “pirujas” a Belinda y Cazzu; asegura que Ángela Aguilar, novia de Christian Nodal es “niña bien”
La mamá de Poncho de Nigris defendió a Ángela Aguilar y Christian Nodal llamando “pirujas” a Belinda y Cazzu…

En un en vivo, la mamá de Poncho de Nigris -de 48 años de edad- llamó “pirujas” a Belinda y Cazzu.
Y es que de acuerdo con la mamá del influencer, Belinda y Cazzu -de 34 y 30 años de edad, respectivamente- se aprovecharon de Christian Nodal.
Mientras que Ángela Aguilar -de 20 años de edad-, la actual novia de Christian Nodal -de 25 años de edad-, es una “niña bien”.

La mamá de Poncho de Nigris llama “pirujas” a Belinda y Cazzu
Durante un en vivo, la mamá de Poncho de Nigris dio su opinión sobre la relación de Ángela Aguilar y Christian Nodal.
Y de acuerdo con Leticia Guajardo -de 71 años de edad-, Belinda y Cazzu son unas pirujas que se aprovecharon del cantante de música regional mexicana.
Pues a diferencia de Ángela Aguilar, a quien llamó una ‘niña bien’, la española y argentina son mayores que Christian Nodal.
“Unas pirujas, las dos, feas, viejas, las dos, él está chico, tienen 25, Ángela esta más chica y Ángela es de una familia bien”
Leticia Guajardo
Además, señaló la mamá de Poncho de Nigris, Ángela Aguilar, no se aprovecharía de las ganancias del interprete de ‘Botella tras botella’, ya que su familia tiene dinero.
Por lo que a quienes critican la relación de Ángela Aguilar y Christian Nodal, Leticia Guajardo los tachó de envidiosos.
“Qué envidiosos, ella es millonaria, de familia millonaria.”
Leticia Guajardo
Finalmente, la mamá de Poncho de Nigris deseó que el nuevo noviazgo de Christian Nodal le ayude a quitarse los tatuajes de la cara que se hizo mientras salía con Cazzu.
La mamá de Poncho de Nigris ¿cancelada? por defender a Ángela Aguilar
Además de dar su opinión sobre la relación de Ángela Aguilar y Christian Nodal, la mamá de Poncho de Nigris se quejó del hate en redes sociales.
Y es que por comentarios similares a los de su en vivo, alrededor de 500 usuarios en Instagram le reportaron su cuenta con 274 mil seguidores y se la cerraron.
Por lo que Leticia Guajardo contó que tuvo que crear una cuenta nueva en la plataforma y comenzar desde cero para recuperar a sus seguidores.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






