¡Por fin! Sonya Smith y Jorge Luis Pila sorprenden con el anuncio que todos esperaban
Sonya Smith y Jorge Luis Pila, famosos actores de telenovelas, emocionaron a sus seguidores al compartir una noticia trascendental en sus carreras.
Después de protagonizar juntos la exitosa «¿Dónde está Elisa?» en 2010 y posteriormente en «Aurora».

LES DEJAMOS AL FINAL DEL CONTENIDO EL VIDEO DEL ANUNCIO DE JORGE Y SONYA
Su química en pantalla como Danna y Cristóbal los convirtió en una de las parejas de ficción más queridas por la audiencia.

A pesar de los más de 10 años desde su última colaboración televisiva, la conexión entre Smith y Pila no se desvaneció; más bien, evolucionó hacia una amistad sólida.
Recientemente, compartieron con entusiasmo la noticia de su incursión conjunta en el mundo empresarial:

La creación de Mayka Skincare, su propia marca de productos para el cuidado de la piel.
Después de dos años de investigación en medicina ayurvédica y otras prácticas antiguas, la marca ofrece una combinación de aceites esenciales especialmente diseñada para el rostro.

En su comunicado, Smith y Pila destacaron que Mayka Skincare utiliza materias primas cuidadosamente seleccionadas de agricultores de todo el mundo.
Dando vida a un producto único. Además, enfatizaron que su producto no está dirigido exclusivamente a mujeres, sino que es adecuado tanto para hombres como para mujeres, subrayando su eficacia.

La pareja de actores expresó su felicidad al compartir esta nueva aventura con sus seguidores.
Marcando no solo una asociación empresarial sino también un capítulo emocionante en sus vidas profesionales.

Con Mayka Skincare, Smith y Pila ofrecen a su audiencia la oportunidad de experimentar una forma única de cuidado de la piel, consolidando no solo su legado en la actuación, sino también en el emprendimiento conjunto.
AQUI EL VIDEO DEL ANUNCIO
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






