A casi un año de la ruptura con Christian Nodal, el padre de la pequeña Inti, Cazzu regresó a trabajar y lanzó nueva música, siendo su situación sentimental el tema que llamara la atención de los internautas.
¿Cazzu tiene nuevo novio? Así aclaró los rumores de su vida personal
En noviembre de 2024, Cazzu compartió en Instagram parte de sus entrenamientos con Axel Napp previa a su presentación en un importante festival de música trap en Buenos Aires, Argentina.
Los rumores de un romance entre la cantante y su entrenador no se hicieron esperar después de que Axel fue captado tomando de la mano a Cazzu mientras bajaba del escenario, por lo que la intérprete de temas como ‘Dolce’, ‘Nada’, ‘Mucha data’ y ‘Jefa’ utilizó su característico sentido del humor para explicar la situación.
Este 20 de febrero, la cantante simuló ser una reportera y, mientras grababa a su entrenador, bromeó sobre el supuesto romance.
“Este es el señor Axel Napp, un pobre entrenador que un día llegó al éxito entrenando artistas y que lo vinculan amorosamente con la artista Cazzu, lo que le ha traído graves consecuencias en su vida amorosa”, dijo Cazzu.

Axel Napp, quien fue etiquetado en el clip, compartió la publicación en su perfil, dejando claro que no hay una relación sentimental entre ellos.
Cazzu asegura que su entrenador está soltero
Cazzu aprovechó la oportunidad para desmentir cualquier tipo de relación amorosa con Axel Napp. La intérprete argentina aseguró que su entrenador está soltero y es una persona codiciada, pero que entre ellos solo existe una relación profesional.
“Está soltero y codiciado; lo que sí se puede comprobar es que me sacó unos bíceps que te ca** a trompadas”, agregó la cantante, tomando la situación con humor.
Por ahora, Cazzu no ha revelado si mantiene una relación sentimental con alguien, prefiriendo enfocarse en presentar adelantos de sus canciones y algunos vistazos de su hija Inti, quien cumplió un año en septiembre de 2024.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






