Caramelo, harto de Manelyk González y detiene intento amoroso en suite de ‘LCDLF All Stars’
Carmelo se harta de las actitudes de Manelyk González y detiene un intento amoroso dentro de la suite de ‘La Casa de los Famosos All Stars’

Ciudad de México.- El reconocido dominicano, Carlos Cruz, que es conocido como Caramelo, recientemente dejó a las redes sociales boquiabiertas y a más de uno orgulloso, pues se hartó de las contradicciones en su supuesto romance con Manelyk González, por lo cual decidió detener un intento amoroso por parte de la polémica influencer, mientras que estaban los dos juntos y solos en la suite de La Casa de los Famosos All Stars.
El pasado martes 25 de marzo, Caramelo fue el ganador de la tan codiciada suite del reality show de Telemundo, y decidió subir a Manelyk, lo cual en la noche causó gran revuelo, debido a que hubo un estira y afloja en el intento de pasión, pues dado a los coqueteos de hace semanas, el dominicano quiso tratar algo con la mexicana, quien le respondió: “No estoy acostumbrada a estar así contigo”, a lo que él responde: “Para que haya una costumbre tiene que haber una primera vez”. Para muchos esto fue un acto de acoso.
Pero las cosas no quedaron así, debido a que el pasado miércoles 26 de marzo, mediante el cine que pasan, se pudo ver un poco de lo que pasó en la Suite y como Manelyk le externaba a varios de sus compañeros, como Alejandra Tijerina, situaciones y acciones que le incomodaban de Caramelo. Esto sin duda fue un duro golpe para el dominicano, y tras esto, en una conversación con Niurka Marcos, se dijo molesto por que lo hace ver como si la acosara.
Mane criticó tanto a aleska, los fans de estos hablaron tanto de Luca y Aleska porque solo buscaban hacer carpeta, para que sus favoritos terminaran cogiendo en la suite, después de que el tipo insistiera toda la noche…. Mane la congruencia no es lo tuyo. 🤡#LCDLFAllStars pic.twitter.com/YQSf2xmt5L
— Stefanía S. Mariah (@Cvd0990Maria) March 26, 2025
Y aunque muchos pensaron que solo se quejaría con la actriz de Fuego en la Sangre, una vez que estuvo a solas con Manelyk en la suite, le dejó en claro que a él no le importaba si hablan mal de él, pero que no quiere quedar como Lupillo Rivera en la temporada pasada, por lo que le señaló que solo serían amigos: “A mí no me importa lo que piensen los demás, pero tampoco puedo tirar a la basura como quedé con Laura, con todo el mundo. Tú no sabes que dice por atrás la misma gente. Sentí que me vi como un Lupillo en la temporada pasada”.
Pese a que la exparticipante de Acapulco Shore le dijo que todo se malinterpretó y las cosas no fueron así, el dominicano le señaló que sin importar qué, ella puede seguirle hablando como siempre, bromear y así como es con todos, pero que ya no habría nada más allá de esa amistad: “Yo solamente quiero que tú seas feliz y que estés tranquila. Tú tienes tu lugar, tienes tu espacio, tú sigues siendo tú, yo sigo siendo yo. Yo mantengo mi distancia, hablamos como siempre, como tú lo haces con todo el mundo en la casa, con la gente que tú hablas”.
Finalmente, le recalcó que él ya no quería besos en la boca, caricias y que tampoco habría insinuaciones de ningún tipo, por lo que le pidió a la exparticipante de Las Estrellas Bailan en Hoy, que todo lo que había pasado solamente fue un suelo, que no pasó y eran solo amigos: “Yo quiero que sea así, que esas caricias, que esos besos que tú querías sentir al lado mío, siéntete como que fue un sueño y tú despertaste y eso nunca pasó”.
El Caramelo violento le pone un alto al
toqueteo que le daba Manelyk y dice que ya no quiere nada de eso…Cuánto creen que le dure el berrinche y regresen a estar encima uno del otro? #LCDLFAllStars #LCDLF5 #LCDLFAllStar pic.twitter.com/egI9RBuxgv
— Breaking it News (@breakingitnews) March 27, 2025
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Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
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Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
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El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
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Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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