aAdamari López y la doctora Nancy tienen un choque de opiniones en Desiguales
“Mujer que no atiende su cartón le hacen bingo”, le dijo la doctora a Adamari refiriéndose a la infidelidad. La conductora no se quedó callada
El debate se encendió este lunes en Desiguales, el talk show de las tardes de Univision que conducen Adamari López, Amara La Negra, Migbelis Castellanos, Karina Banda y la doctora Nancy Álvarez, con un asunto muy polémico: la infidelidad en las relaciones de pareja.
El tema generó un fuerte choque de opiniones entre Adamari y la doctora ya que ambas tenían puntos de vista muy diferentes sobre el asunto que estaban tratando.
“Yo pienso que una vez se pierde la confianza de una amiga o de una pareja es irrevocable, eso no vuelve”, opinó Adamari.
“Hay que perdonar”, intervino la doctora.
“Hay que perdonar pero no hay que quedarse y no hay que volver a confiar”, señaló la conductora y actriz puertorriqueña.
:max_bytes(150000):strip_icc():format(webp)/AdamariLopez-d189dd76f0584f35a810de32dfa4bf28.jpg)
El debate se encendió aún más cuando la doctora comentó que ella sí seguiría apostando por la relación “si tiene responsabilidad” ya que “hay mujeres que nunca hacen chacachaca con su marido y los hombres no juegan con esa vaina”.
Algo con lo que Adamari no estaba de acuerdo y así se lo hizo saber.
:max_bytes(150000):strip_icc():format(webp)/Desiguales-7f5954acf9954e36a299438a537643ff.jpg)
“No hay chacachaca pues entonces el marido tiene que ser lo suficientemente honesto y decirme me voy porque no hay chacachaca en vez de pegarme los cuernos porque es muy fácil pegar los cuernos pero no es fácil hablar de verdad enfrente de la persona”, expresó la presentadora de 52 años con vehemencia. “No voy con eso. No hay confianza y no vuelvo ahí”, dejó claro.
:max_bytes(150000):strip_icc():format(webp)/DoctoraNancy-e9f53a3570ea4422a9f4ec0c6793a688.jpg)
Si no te quieres perder nada, suscríbete gratis aquí al boletín de People en Español para estar al día sobre todo lo que hacen tus celebridades favoritas, las noticias más impactantes y lo último en moda+belleza.
El argumento de Adamari no hizo cambiar de opinión a la doctora. “Si yo soy responsable y mi marido me pide perdón y me demuestra que quiere volver conmigo y está dispuesto a discutir eso en una terapia, ¿por qué lo voy a dejar ir si yo no lo atendía?”, se preguntó.
“Mujer que no atiende su cartón le hacen bingo”, resaltó.
A lo que el exrostro de las mañanas de Telemundo no pudo resistirse a comentar: “Aún atendiéndolos también hacen bingo, así que no te preocupes que mejor dejarlo”.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






