¡Univisión genera polémica al despedir inesperadamente a su estrella más querida!

Astrid Rivera, periodista y presentadora puertorriqueña, anunció que se despide de Despierta América, el matutino de Univision al que se unió en enero de 2017.
La comunicadora compartió la noticia en una entrevista con el portal Las Top News, donde dejó claro que la decisión fue personal y responde a una nueva etapa en su vida profesional.

En sus declaraciones, Rivera expresó que desea aprovechar este momento para perseguir otros sueños y oportunidades que le permitan crecer en su carrera.
Señaló que su meta es ampliar su potencial como periodista y conductora, explorando proyectos que representen un mayor desafío y evolución dentro de los medios.

Aunque ya comunicó su renuncia, la audiencia seguirá viéndola en pantalla por algunas semanas más.
Esto se debe a que aún quedan al aire grabaciones y reportajes que realizó previamente, con los que busca dejar un cierre digno y profesional antes de dar el paso definitivo hacia su salida.

Finalmente, Astrid Rivera agradeció a Univision y a sus compañeros de Despierta América por los momentos compartidos durante más de siete años.
Con su despedida, se suma a la lista de figuras como Chef Yisus Díaz y Lindsay Casinelli.

Quienes también se marcharon del programa en 2024, marcando así un periodo de cambios significativos en la conducción del show.
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Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
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Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
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Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
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