Victoria Ruffo se pronuncia sobre Alessandra Rosaldo, esposa de su ex Eugenio Derbez
Tras rumores de que Alessandra Rosaldo no quiere que su esposo Eugenio Derbez hable de su ex Victoria Ruffo, esta actriz reaccionó.
Una de las relaciones sentimentales más importantes que tuvo Victoria Ruffo fue con Eugenio Derbez; incluso, procrearon a un hijo que lleva por nombre José Eduardo. Sin embargo, el romance concluyó en malos términos por una falsa boda de la que actriz acusa su ex. El tiempo ha pasado y no tienen convivencia alguna, pese a que el vástago de ambos es muy cercano a su progenitor.
Pese a ello, los famosos en ocasiones se lanzan señalamientos uno a otro. De hecho, hace unos días, Derbez advirtió que ya no hablaría más de la protagonista de la telenovela Corona de lágrimas, debido a que su esposa Alessandra Rosaldo le pidió que no lo hiciera y que se molesta de que suceda. Victoria se pronuncio y asegura que “no creo” que se enoja la cantante por ese tipo de cuestiones y además “para nada” le ha dado motivos para tener celos. De hecho, no dudó en halagarla.
“Creo que ella es muy inteligente”, mencionó Ruffo a los medios de comunicación. “Considera a Alexandra muy inteligente, muy trabajadora, muy buena mamá”.
Respecto a los comentarios del productor de la película Radical asegurando que le dolió mucho que no pudiera estar presenta en la infancia de José Eduardo porque ella se lo prohibió. La artista desestimó esa declaración por completo. “Pero es que no pudo [verlo] porque trabajaba mucho”, aclaró.
:max_bytes(150000):strip_icc():format(webp)/AlessandraRosaldoEugenioDerbezVictoriaRuffo-3adf0720adde468db8a93c7e44cc2035.png)
Si no te quieres perder nada, suscríbete gratis aquí al boletín de People en Español para estar al día sobre todo lo que hacen tus celebridades favoritas, las noticias más impactantes y lo último en moda+belleza.
Victoria Ruffo ha dejado atrás lo que vivió con Eugenio Derbez y asegura que le tiene aprecio porque es el padre de su hijo. Además, sabe que se tendrán que ver pronto debido a que serán abuelos y tendrán que estar presentes en todo lo relacionado con su nieta.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






