Yanina Latorre destroza a Wanda Nara tras su duelo irónico con Maxi López en redes
En su programa vespertino de El Observador 107.9, dijo que no descarta que en el futuro, la mediática haga lo mismo con Mauro Icardi
El reciente intercambio en redes sociales entre Wanda Nara y Maxi López ha generado una ola de reacciones, especialmente tras la publicación de una imagen en Instagram que desató comentarios y análisis en el ámbito mediático. El gesto irónico de ambos, que incluyó mensajes cargados de complicidad y reproches, fue el detonante de una fuerte crítica por parte de Yanina Latorre en el programa vespertino de El Observador 107.9.
La controversia se originó cuando Maxi López compartió una fotografía en la que, con tono lúdico, señaló: “No te presentaste a la reunión Wanda Nara. ¡Debés una cena!”. Este mensaje, lejos de pasar desapercibido, fue interpretado como una invitación a un reencuentro, sugiriendo una deuda simbólica tras la ausencia de Wanda Nara a un compromiso relacionado con la producción de MasterChef.
La respuesta de Wanda Nara no tardó en llegar. Replicó la imagen en su propio perfil de Instagram y, en la parte inferior de la fotografía, escribió: “Te llevaste los chicos, me tomé la noche free”. Esta frase, breve y contundente, fue interpretada como una declaración de independencia y un guiño a la dinámica familiar que mantienen ambos, ahora en un tono mucho más distendido que en el pasado. Más adelante, Wanda publicó una historia donde pareció reconocer su falta, y puso “se me pasó”. Pero luego la borró, quedando su respuesta inicial como válida.
Sin embargo, la reacción más encendida provino de Yanina Latorre, quien recordó en El Observador 107.9 los conflictos previos entre la pareja.

Primero dejó en claro lo que debería hacer Daniela Christiansson, la actual esposa de Maxi López, quien está embarazada de seis meses y no vino a la Argentina: “Le estaba reprochando que hoy faltó a una reunión que tenían de producción de MasterChef o de algo de eso. Yo soy la mujer de él embarazada en Suiz y (le digo) ‘andá viniendo para casa y a MasterChef jugamos en la cocina de casa’”. La periodista Pía Shaw añadió nafta al fuego: “¿No te presentaste a la reunión arroba Wanda? Debes una cena. Yo lo mato”.
Y luego, Latorre rememoró episodios de denuncias y disputas legales, afirmando: “Lo denunció por golpeador, por violento, por hijo de puta, por asesino. No le dio la plata, le terminó sacando la casa, tenían todo embargado, estuvo años y años haciéndolo mierda. Me acuerdo, me mandaba a mí audios de él gritando, insultando. Gritaban en la puerta de la casa con los pibes, uno cada uno”. La panelista subrayó la transformación en la relación entre Wanda Nara y Maxi López, y sugirió que no descarta que situaciones similares puedan repetirse en el futuro con su actual acérrimo enemigo: “Y ahora, por eso te digo que yo no descarto que algún día haga lo mismo con Icardi. En la vida de Wanda, todo es muy difícil”.
En su intervención, Yanina Latorre también hizo referencia a las dificultades económicas y legales que, según ella, marcaron la relación entre Wanda Nara y Maxi López: “A Wanda nunca le pagó nada, tardó 8 años en pagarle, nunca le dio ni la cuota alimentaria. Por qué él criticará a Mauro, pero Mauro le mantuvo los pibes toda la vida”, expresó en el programa.
El episodio, que comenzó como un intercambio irónico en redes sociales, terminó por abrir nuevamente el debate sobre la historia personal y los conflictos pasados de Wanda Nara y Maxi López, dejando en evidencia la complejidad de los vínculos y la exposición mediática que los rodea.
Sin embargo, esta armonía entre los exesposos es un bálsamo para la familia Nara en medio de la guerra que en la actualidad sostiene Wanda con Icardi. Lo dijo en Rumis Zaira Nara, la hermana de la conductora de MasterChef: “A mí me encanta poder verla a mi hermana en ese rol de tener ese vínculo hoy. Y sobre todo porque yo veo a mis sobrinos hoy y las caras y la alegría de ver que esa relación y que se hagan chistes y que ya estén desde ese lugar, ¿viste?, como que va más allá. Como hijo, te pasa que decís: ‘Che, qué bueno que puedan limar asperezas’”
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






