‘Yo me llamo’: así fue la emotiva separación entre los imitadores de Bob Marley y Ángela Aguilar
El artista reveló detalles inéditos sobre la relación que surgió durante el ‘reality’

El final de la relación entre los imitadores de Bob Marley y Ángela Aguilar del programa Yo me llamo sorprendió a los seguidores del concurso que estuvieron atentos a cada una de sus interacciones en la edición de 2025 del famoso reality, pues su cercanía fue muy genuina y se dio en complicidad de sus compañeros.
Sin embargo, el artista aseguró que este vínculo tan comentado llegó a su fin, aunque él no lo olvida porque considera que los recuerdos y gestos que perduran más allá del escenario, lo que llevó a los seguidores del programa a pensar en que aún tiene sentimientos por la también cantante.
Ahora puede seguirnos en Facebook y en nuestro WhatsApp Channel
En medio de una entrevista con el programa La Red, el artista que encarnó a Bob Marley relató cómo la cercanía cotidiana durante la competencia se transformó en un vínculo sentimental que trascendió el ámbito televisivo.
El intérprete explicó que la relación surgió de manera inesperada, teniendo en cuenta que la convivencia diaria en el programa propició que la afinidad inicial se convirtiera en afecto y, posteriormente, en una relación sentimental.
Tras finalizar su participación en el reality, los jóvenes decidieron continuar su historia fuera de cámaras, compartiendo viajes y momentos en un entorno más privado.

La relación no duró mucho, pese a todas las muestras de cariño – crédito Emisión Yo me llamo / Caracol Televisión
Uno de los recuerdos más significativos de esa etapa fue un relicario con fotografías de ambos, un obsequio de la imitadora de Ángela Aguilar que el cantante aún lleva consigo. Este objeto, según relató a La Red, se ha convertido en un símbolo tangible de lo que vivieron juntos.
Sin embargo, pese a todo el cariño que se tenían, la distancia geográfica representó un obstáculo difícil de superar, ya que ella reside en Venezuela, lugar de donde es oriunda. Por esta razón, hace aproximadamente dos meses, los dos optaron por poner en pausa la relación, una decisión que no resultó sencilla para ninguno de ellos y que impactó en gran medida a los seguidores.
El imitador de Bob Marley recordó el momento de la despedida, cuando se dirigió al aeropuerto con el propósito de verla antes de su partida: “Hice lo imposible para despedirme de ella”, expresó durante la entrevista con La Red, demostrando así la autenticidad y profundidad de sus sentimientos.
Además, el joven imitador reconoció abiertamente: “me enamoré”, una declaración que refuerza la intensidad del vínculo que compartieron, pese a que fueron pocos meses.
Aunque la relación sentimental finalizó, los dos mantienen un contacto esporádico a través de mensajes de texto, aunque no se comunican diariamente. El artista manifestó su gratitud por la experiencia vivida y señaló que se encuentra abierto a nuevas oportunidades y a la posibilidad de conocer a alguien más.

La pareja llegó a su fin tras intentar mantener la relación a flote – crédito Emisión Yo me llamo / Caracol Televisión
La relación entre Bob Marley y Ángela Aguilar
La cercanía de los participantes surgió en medio de la más reciente edición del concurso de imitación, después de varios rumores, pues a la joven se le veía muy feliz, por lo que los jurados aseguraron que estaba enamorada.
Después de varios días, sus compañeros confesaron que, efectivamente, entre los imitadores de Bob Marley y Ángela Aguilar surgió un vínculo más allá de la amistad.

El artista afirmó que se enamoró – crédito Emisión Yo me llamo / Caracol Televisión
En medio del programa, Bob Marley le regaló una manilla a Ángela Aguilar con la que demostró su amor por ella, teniendo en cuenta que en la cultura rastafari este tipo de obsequios son muy significativos. Su amor se selló con un beso en cámara, ante millones de televidentes, y tras finalizar el concurso los dos continuaron frecuentándose y duraron un par de meses más.
Finalmente, la distancia, les jugó una mala pasada y terminó con su amor, lo que desató comentarios de sorpresa entre sus seguidores, aunque otros aseguraron que solo se trataba de marketing.
News
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un matrimonio que se presume sólido. El sol de Ciudad de México entraba por la ventana de la recámara con esa luz tibia de las cinco de la tarde, una claridad dorada que siempre me había gustado porque hacía que el polvo flotara como si fueran pequeños recuerdos suspendidos en el aire. Yo estaba doblando ropa recién salida de la secadora, sintiendo el calor de las sábanas en las palmas de mis manos, cuando escuché a Julián decir que iba a meterse a bañar. Su voz sonaba normal. Demasiado normal.
Aquella tarde parecía igual a cualquier otra, de esas que pasan sin dejar huella, mimetizadas en la rutina de un…
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la calma de la mañana. No eran gritos ordinarios; tenían la frecuencia del terror absoluto, ese que solo surge cuando el mundo conocido se quiebra de golpe. Era el 16 de octubre de 1943. Roma llevaba apenas cinco semanas bajo la ocupación nazi, pero el aire ya se sentía como una soga que se apretaba lentamente.
Pietro Palazzini tenía las manos sumergidas en el agua jabonosa de la cocina del Vaticano cuando los gritos perforaron la…
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión que se cocinaba cerca de la puerta de embarque. Lucía, una mujer pequeña de manos nudosas y espalda ligeramente encorvada por décadas de revisar tareas bajo la luz de bombillas de bajo voltaje, apretaba su bolso contra el pecho. A su lado, flanqueándola como dos columnas de mármol, estaban Mateo y Julián.
El aire acondicionado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México zumbaba con una indiferencia metálica, ajeno a la tensión…
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan una historia de más décadas. Es padre soltero, una etiqueta que en la práctica significa ser el último en dormir, el primero en despertar y el único en sostener un mundo que amenaza con desmoronarse cada quincena. Cría a tres hijos en una casa donde el silencio es un lujo y el espacio una negociación constante.
Daniel tiene treinta años, pero sus manos, marcadas por el rastro del trabajo manual y la resequedad del invierno, cuentan…
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre el asiento del copiloto descansaba una caja de cartón mal sellada y, justo encima, un sobre manila cuyo color se había rendido ante el paso de los años. Afuera, la noche de Monterrey era una presencia física: tibia, cargada de ese viento seco que baja del Cerro de la Silla y que nunca termina de refrescar las calles. El estacionamiento del edificio, una estructura de concreto con luces amarillentas y parpadeantes, estaba casi vacío.
Diego se quedó inmóvil dentro de la camioneta, con el motor apagado y las manos todavía aferradas al volante. Sobre…
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma que Ava nunca habría asociado con la supervivencia hasta que el mundo que conocía se desmoronó. Marlene no le pidió explicaciones el primer día, ni el segundo. Simplemente le pasó un termo abollado con caldo caliente, observando en silencio cómo Ava alimentaba a su hijo recién nacido, Leo, cuyo llanto quedaba amortiguado por el rugido constante de los autos que pasaban por encima de sus cabezas. La bondad de Marlene no era de esas que se anuncian con trompetas; era una caridad práctica, de manos callosas y gestos breves.
El aire bajo el puente de la calle Cuarta olía a humedad estancada y a humo de leña, un aroma…
End of content
No more pages to load






