Mike Tyson: De villano a ícono querido, la sorprendente redención del “hombre más malo”

Por Redacción Especial

En el imaginario colectivo, pocos nombres evocan imágenes tan intensas de poder, caos y redención como el de Mike Tyson. De adolescente prodigio y destructor imparable, a símbolo de escándalo y autodestrucción, y finalmente a figura entrañable y respetada en la cultura popular estadounidense, la vida de Tyson parece sacada de una novela épica. Ahora, el autor Mark Kriegel, quien alguna vez fue uno de sus críticos más feroces, narra esta transformación en su nuevo libro “Baddest Man: The Making of Mike Tyson”, revelando los altos y bajos de una existencia marcada por la tragedia y la superación.

Un inicio apocalíptico

Nacido en Fort Greene, Brooklyn, Tyson creció literalmente en la calle, rodeado de violencia, pobreza y sin la guía de un padre. Desde muy joven, su vida estuvo marcada por el caos. A los 18 años debutó como boxeador profesional y rápidamente se ganó fama por su fuerza devastadora y su capacidad de noquear a sus rivales. En solo dos años, se convirtió en el campeón mundial de peso pesado más joven de la historia, con apenas 20 años.

Pero mientras su estrella crecía en el ring, fuera de él su vida era una tormenta. Según Kriegel, “su vida era apocalíptica”, una montaña rusa de emociones, excesos y riesgos constantes. El propio Tyson admitió que nunca imaginó llegar a la edad adulta. “Cuando lo conocí en 2012, tenía 45 años. Le pregunté si alguna vez pensó que llegaría a esa edad. Me respondió: ‘No, jamás. Ni siquiera se me ocurrió’”, recuerda el autor.

El motor económico y la cultura pop

El ascenso de Tyson coincidió con el interés de figuras como Donald Trump, quien vio en el joven campeón la oportunidad de trasladar el epicentro del boxeo de Las Vegas a Atlantic City. Aunque el plan no funcionó como esperaba, Tyson se convirtió en un fenómeno mediático y económico. “Siempre hubo un imperativo económico gigante con Tyson”, afirma Kriegel. Su magnetismo, tanto dentro como fuera del ring, era innegable; cada vez que tomaba un micrófono, el público quedaba hipnotizado por su peculiar forma de expresarse.

Caída y resurgimiento

El declive no tardó en llegar. En 1990, Tyson perdió el título mundial y su vida personal se desmoronó. En 1992 fue condenado por violación y pasó tres años en prisión. Al salir, volvió al boxeo y logró algunas victorias, pero los problemas legales continuaron. En 1999 regresó a la cárcel por agredir a dos personas tras un accidente de tráfico. Para 2003, pese a haber ganado más de 300 millones de dólares, Tyson estaba en bancarrota, debiendo 23 millones.

Intentó recuperarse con una gira de exhibición, pero el proyecto fracasó. La imagen pública de Tyson se desplomó: de héroe a villano, de ídolo a paria.

La redención inesperada

Sin embargo, el tiempo y la resiliencia obraron el milagro. Lejos de los focos, Tyson enfrentó sus demonios: la adicción, la pérdida de una hija, la soledad y la pobreza. Según Kriegel, sobrevivir a todo eso merece respeto. “He escrito más cosas malas sobre Tyson que nadie. Pero cuando pienso en todo lo que ha sobrevivido… el boxeo, la мυerte de un hijo, el alcohol, la cocaína, la cárcel… eso me hizo respetarlo”, confiesa el autor.

Hoy, Mike Tyson es un personaje querido, incluso entrañable. Participa en programas de televisión, apoya causas sociales y hasta respalda públicamente a figuras políticas como Donald Trump. La pregunta que muchos se hacen es: ¿cómo logró semejante transformación? Kriegel ofrece una respuesta sencilla pero profunda: “Hay virtud en haber sobrevivido”.

Un legado complejo

La historia de Tyson es un recordatorio de que los ídolos también son humanos, capaces de caer y levantarse. Su vida es un espejo de la sociedad: fascinada por la gloria, pero también por la redención. Pocos han recorrido un camino tan accidentado y, aun así, han logrado reconstruir su imagen y su vida.

Mike Tyson, el “hombre más malo del planeta”, es hoy un símbolo de resiliencia, prueba viviente de que incluso los villanos pueden encontrar la redención y el amor del público.