En abril de 2025, cuando la República Dominicana despidió a Rubby Pérez, gran parte de la opinión pública —incluyendo analistas y periodistas— dio por sentado que el control total de su conglomerado empresarial pasaría de forma directa a sus familiares.

La narrativa inicial apuntaba a una sucesión clara y tradicional. Sin embargo, con el paso de los días salió a la luz que la realidad era mucho más compleja de lo que se había asumido, y que incluso tras su fallecimiento, el empresario volvió a sorprender.

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Lo que parecía una estructura patrimonial sencilla resultó ser un entramado cuidadosamente diseñado.

La propiedad de sus activos no estaba concentrada en un solo bloque familiar, sino repartida entre hijas, fundaciones privadas y diversas entidades corporativas registradas en distintos países.

Esta arquitectura legal reveló que no solo dejó una herencia estimada en alrededor de RD$313 millones de pesos, sino también una planificación empresarial sofisticada.

Más que una simple fortuna, Rubby Pérez estructuró un sistema de gestión que permite que sus negocios continúen operando con estabilidad aun sin su presencia directa.

Se trataba de un modelo estratégico pensado para la continuidad, con mecanismos de control y distribución previamente definidos, reduciendo así el riesgo de conflictos sucesorales o decisiones improvisadas.

El notario encargado de leer el testamento comentó posteriormente a la prensa que pocas veces había visto un documento de ese nivel de detalle y previsión.

Según relató, uno de los apartados generó sorpresa total entre los presentes. Recordó que, al llegar a cierto punto de la lectura, la sala quedó en silencio y alguien interrumpió para pedir que se repitiera lo que acababa de escuchar, evidenciando lo inesperado de las disposiciones.

Durante los tres días posteriores a su мυerte, varios medios dominicanos publicaron que la totalidad de la participación accionaria del empresario sería transferida a su familia, tal como él mismo había manifestado en vida en distintas ocasiones.

Rubby Pérez solía afirmar que su imperio permanecería en manos familiares, y en esencia así fue. No obstante, la definición de “familia” dentro de su planificación legal era más amplia y estructurada de lo que muchos imaginaban.

Con el contenido del testamento ya conocido, quedó claro que su legado no solo consistía en bienes y empresas, sino en una estrategia de protección patrimonial diseñada para perdurar. Su última jugada empresarial, más que un reparto simple, fue una lección de planificación.

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