ABRIR LOS OJOS

Vinh se sentaba en su lujosa oficina, con los ojos fijos en los números que bailaban en la pantalla, pero su mente derivaba hacia Linh, la joven secretaria cuyo intenso perfume siempre lo cautivaba. Vinh, de 45 años, era un exitoso hombre de negocios con todo a su alcance: dinero, fama y una familia admirada por todos. Lan, su esposa, la mujer que había ascendido con él desde la nada, ahora no era más que un cuadro viejo y aburrido a sus ojos, impregnada de olor a cocina y quejas sobre los hijos. Vinh creía que merecía disfrutar de la frescura; estaba convencido de que su “segundo hogar” era la verdadera felicidad, sin saber que una tormenta se acumulaba en silencio para arrasarlo todo.

El despertar nunca llega fácilmente. Vinh comenzó a retirar fondos de la empresa familiar para comprar un apartamento de lujo para Linh, tratándola como a una reina. Abandonó a Lan, quien sufría enfermedades en silencio, y dejó de asistir a las cenas familiares para sumergirse en fiestas nocturnas. Lan lo sabía, pero eligió el silencio, preparando discretamente una salida para ella y sus hijos.

Mientras tanto, Linh no solo quería dinero; quería toda la fortuna de la familia Nguyen. Se alió con los competidores de Vinh, engañándolo para que firmara documentos de transferencia de activos bajo el pretexto de “invertir en nuevos proyectos”. Vinh, cegado por la pasión, firmó la sentencia de muerte de su propia carrera, creyendo que construía un futuro con su joven amante.

El punto crítico ocurrió el día en que la empresa se declaró en quiebra. Vinh descubrió horrorizado que todos sus ahorros y propiedades a su nombre habían sido liquidados por Linh. Corrió a su apartamento buscando una explicación, pero lo que recibió fue una risa gélida y la presencia de otro hombre: el cerebro detrás de la absorción de su empresa. Linh le arrojó a la cara un fajo de fotos de su propia infidelidad que ella misma había mandado a tomar: “¿Pensaste que amaba a un viejo como tú? ¡Solo amaba tu dinero!”.

Vinh quedó en la calle, expulsado del mismo apartamento que él había pagado. Bajo la lluvia torrencial de la ciudad, comprendió que no tenía a dónde ir ni en quién confiar. Se derrumbó en la acera, con la humillación y el remordimiento desgarrándole el alma.

En su momento de mayor desesperación, un auto viejo se detuvo frente a él. La puerta se abrió y Lan bajó, con calma pero con una mirada llena de perdón. Le entregó una carpeta: “Estas son las acciones que compré en secreto con mis ahorros personales desde nuestros inicios. La empresa aún existe, pero tú has perdido todo mi respeto”.

Vinh despertó. Se dio cuenta de que había estado persiguiendo espejismos mientras pisoteaba el diamante más valioso de su vida. La historia cierra con Vinh arrodillado pidiendo perdón bajo la lluvia. Lan no prometió volver, solo le dio la oportunidad de empezar de cero como padre. Un despertar tardío, pero el inicio de un hombre nuevo, libre de la ceguera de la codicia y el deseo.