Cantinflas salvó inocente de ejecución – 72 horas para probar verdad

Cuando Cantinflas recibió la carta del penal de Lecumberry en 1967, pensó que era broma. Un reo condenado a muerte le pedía ayuda. No dinero, no abogados. Algo más extraño. Quería que Cantinflas lo hiciera reír una última vez antes de morir. Pero cuando Mario Moreno leyó la historia completa de ese hombre, se dio cuenta de algo terrible.
Ese hombre era inocente y tenía 72 horas para probarlo. Marzo de 1967, Cantinflas estaba en su casa revisando correspondencia, cientos de cartas de fans, la mayoría pidiendo autógrafos, fotos, dinero, pero una carta era diferente. El sobre era gris, tenía el sello oficial. Penitenciaría de Lecumberry, Ciudad de México, la prisión más famosa de México, apodada El Palacio Negro, donde iban los peores criminales.
Abrió la carta con curiosidad. Estimado Cantinflas, mi nombre es José Luis Herrera. Tengo 34 años. En tres días seré ejecutado por asesinato. No le escribo para pedir clemencia. No le escribo para proclamar mi inocencia. Aunque soy inocente, le escribo por algo más simple. Quiero reír una última vez. He pasado 6 años en esta celda, 6 años esperando la muerte, 6 años sin reír de verdad. Y sus películas.
Sus películas son lo único que me ha mantenido humano. Los guardias a veces ponen sus películas en el patio y por 90 minutos olvido dónde estoy. Olvido lo que me espera. Solo río como hombre libre. Sé que es mucho pedir, sé que está ocupado, pero si pudiera visitarme antes de mi ejecución, si pudiera hacerme reír una última vez, moriría en paz, no como un criminal, como un hombre.
Eternamente agradecido. José Luis Herrera, Zelda 47, pabellón de sentenciados PD. Adjunto mi expediente. Si tiene tiempo de leerlo, verá que soy inocente, pero nadie me cree. Había un sobre adicional, grueso, lleno de documentos. Cantinflas lo abrió. Era el expediente legal completo de José Luis Herrera. El caso era brutal.
En 1961, una familia de tres personas fue asesinada en Milatos Incintes, su casa en Coyoacán. Padre, madre, hijo de 8 años. Todos apuñalados, la casa robada. José Luis Herrera fue arrestado dos días después. Era el jardinero de la familia. Tenía sangre en su ropa. No tenía cuartada sólida. El juicio duró tres semanas.
Fue declarado culpable, sentenciado a muerte. Había estado en el corredor de la muerte por 6 años. Las apelaciones habían fallado. La ejecución. 15 de marzo 1967. en tr días. Pero mientras Cantinflas leía el expediente, algo no cuadraba. La sangre en la ropa de José Luis era tipo o positivo. Las víctimas eran tipo A negativo.
¿Por qué nadie mencionó eso en el juicio? Los testigos que lo vieron cerca de la casa esa noche dijeron que usaba camisa azul, pero la camisa con sangre que presentó la policía era blanca. Y lo más extraño, José Luis tenía un recibo de una cantina a 20 km de distancia con fecha y hora del asesinato, pero el juez lo descartó como fácilmente falsificable.
Cantinflas cerró el DSON expediente. Su corazón latía rápido. Llamó a su abogado personal Ramón González. Ramón, necesito que veas algo. Dos horas después, Ramón llegó, leyó el expediente completo. Mario, este hombre es inocente. ¿Estás seguro? Tan seguro como puedo estar sin reinvestigar. Hay demasiadas inconsistencias, demasiadas pruebas ignoradas.
Este fue un juicio rápido, sucio. Probablemente presionaron para cerrar el caso rápido. Tenemos tr días. Es imposible. Necesitaría semanas solo para presentar una apelación, meses para investigar, años para un nuevo juicio. Pero va a morir en tres días. Lo sé y es una tragedia, pero legalmente no hay nada que hacer. Cantinflas miró la carta de nuevo.
Las palabras. Quiero reír una última vez. Voy a visitarlo. ¿Qué? Voy a Lecumberry. Ahora vienes conmigo. Ramón dudó. Luego asintió. Vamos. Lecumberry era aterrador. Paredes grises de 10 m de altura, alambre de púas, torres de vigilancia. Un lugar diseñado para romper el espíritu humano. Los guardias reconocieron a Cantinflas inmediatamente.
Cantinflas, ¿qué hace aquí? Vengo a visitar a un reo, José Luis Herrera. El guardia frunció el ceño. El que ejecutan el jueves, ¿para qué quiere verlo? Motivos personales. El guardia los escoltó a través de pasillos oscuros, húmedos, que olían a desesperanza. Pasaron celdas llenas de hombres.
Algunos gritaron al ver a Cantinflas. Cantinflas, Cantinflas, ayúdame. Era desgarrador. Llegaron al pabellón de sentenciados 12 celdas, 12 hombres esperando morir. Celda 47. José Luis Herrera estaba sentado en un catre miserable, delgado, pálido, barba descuidada. Pero cuando vio a Cantinflas, sus ojos se iluminaron como los de un niño. No, no puedo creerlo.
Realmente vino. Cantinfla se acercó a los barrotes. Vine. Leí tu carta y tu expediente. Mi expediente, sí. Y José Luis, yo no creo que seas culpable. Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de José Luis. Nadie, nadie me ha creído en 6 años. Nimi familia, ni mis amigos, nadie. Yo te creo y vamos a probar tu inocencia en tres días.
Es imposible, tal vez, pero vamos a intentar. El guardia interrumpió. Señor Cantinflas, tiene 30 minutos. Necesito más tiempo. Son las reglas. Cantinfla se volteó hacia él. Ya no era el comediante, era Mario Moreno, el hombre de Tepito, que no aceptaba injusticia. ¿Sabes qué? Las reglas pueden cambiar. Quiero hablar con el director de la prisión ahora.
El guardia tragó saliva. Nadie le hablaba así. Yo no puedo. Sí puedes. Ve y dile que Cantinflas quiere verlo, que es urgente, que es sobre un hombre inocente que está a punto de morir. El guardia se fue corriendo. 10 minutos después llegó el director, un hombre mayor con uniforme impecable, rostro severo.
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