“Hijos ingratos: Me abandonaron en el hospital por 3 años, pero volvieron corriendo cuando supieron de mi indemnización millonaria.”

 

Después de tres años, Lan regresó a su antiguo terreno, ahora cubierto de maleza. Lieu construyó una pequeña choza para ella. La vida era tranquila hasta que llegaron noticias: su tierra sería expropiada para una carretera y la compensación era de 15 mil millones de dongs. La noticia atrajo a los hijos desaparecidos. Thanh, Ha y Tuan aparecieron con regalos y rostros de falsa piedad, instándola a firmar un poder para que ellos “administraran” el dinero, alegando que ella era “vieja y fácil de engañar”. Ninguno preguntó: “¿Cómo sobreviviste estos tres años?”.

El drama estalló durante la cena en la choza. Cuando los hijos la presionaron para firmar, Lan dejó los palillos y dijo: “Ese dinero ya no existe”. La furia se desató; las máscaras cayeron. La insultaron llamándola “vieja senil” y acusaron a Lieu de estafadora. Tuan incluso llamó a la policía.

(Ilustración de la lucidez mental en adultos mayores para decisiones legales)

Sin embargo, ante la policía, Lan presentó pruebas contundentes: certificados de lucidez mental y documentos legales. Había donado 10 mil millones a un fondo para ancianos solitarios y entregado los 5 mil millones restantes a Lieu. Sus palabras fueron dagas: “Cuando necesité agua, estaban ocupados. Cuando no tenía nada, estaban ocupados. ¿Solo ahora que hay dinero dejaron de estarlo?”.

Los hijos se retiraron humillados y despreciados por el pueblo. Lan retiró los cargos de calumnia para cortar todo vínculo con ellos. Se mudó con Lieu a una casita al pie de una colina, viviendo días de verdadera paz y amor. Los 15 mil millones compraron su libertad, dejando una lección: la sangre no garantiza el parentesco si falta el corazón.