“Le envié fotos ‘ardientes’ de mi mejor amiga a mi esposo para ponerlo a prueba – y el final me dejó destrozada.”

Mi nombre es Hân, y siempre creí tener un matrimonio perfecto con Hoàng. Pero últimamente, el ambiente en casa se volvió asfixiante. Hoàng no soltaba su teléfono, evitaba mi mirada y ponía excusas de horas extras que nunca se reflejaban en nuestra cuenta bancaria. Su frialdad era como cuchillos cortando mi confianza. Confundida, busqué a Linh, mi mejor amiga de hace 10 años. Ella, con una sonrisa ambigua, sembró una idea audaz: “Déjame usar un número desconocido para enviarle fotos provocativas y ponerlo a prueba; si es íntegro, te lo dirá, si no, conocerás su verdadera cara”. En ese momento, no sabía que estaba abriendo las puertas de mi hogar al mismísimo demonio.

Esa noche, tras enviar el mensaje de “prueba”, me acosté al lado de Hoàng, conteniendo la respiración. Lo vi revisar su teléfono a escondidas y luego sumirse en el silencio. Recé para que se indignara, para que me cuestionara, pero solo bloqueó el aparato. A la mañana siguiente, desperté con el corazón destrozado: Hoàng se había ido con todas sus pertenencias. Al llamar a Linh, su teléfono también estaba apagado.

La verdad empezó a salir a la luz cuando conecté los cables: las veces que Linh se quedaba a dormir, las miradas furtivas que yo confundía con “buena química” entre mi esposo y mi amiga. Descubrí con horror que Hoàng había retirado en secreto 2 mil millones de dongs de nuestra cuenta común para invertirlos en una empresa de Linh bajo el concepto de “proyecto secundario”. Resultó que el juego de la “prueba” solo fue la excusa perfecta para que ambos huyeran juntos.

Tras una semana de silencio, Hoàng y Linh regresaron para “hablar como adultos”. Con un descaro increíble, me culparon a mí, diciendo que yo había “abierto el camino” al incluir a Linh tanto en nuestro matrimonio. Linh no mostró remordimiento, y Hoàng usó su cobardía para justificar la traición.

Pero ya no era la mujer débil de antes. Lancé todas las pruebas: desde videos de seguridad que los captaban en la intimidad dentro de mi propio auto en el garaje del edificio, hasta los estados de cuenta bancarios que demostraban la malversación. Llevé el caso a las redes sociales, convirtiendo su traición en un tsunami de indignación pública. La carrera de Linh como modelo publicitaria se hundió y Hoàng fue despedido, perdiendo todo rastro de honor.

El tribunal dictó el divorcio, obligando a Hoàng y Linh a devolver el dinero malversado. Salí de la corte con una paz profunda, dejando atrás a dos traidores que ahora se despedazaban entre la miseria y la humillación. Linh y Hoàng, que antes se creían astutos, terminaron viviendo en una habitación alquilada, repudiados por sus familias y despreciados por la sociedad. Comprendí que la felicidad no es poseer, sino tener la lucidez de abandonar lo que ya está podrido. Elegí vivir para mí y para un futuro donde la mentira no tenga lugar.