“Mi esposo me atacó con una silla frente a toda la familia para obligarme a confesar una infidelidad. Yo, en silencio, proyecté el video…”

 

La pesada silla de madera se elevó sobre mi cabeza, silbando con la furia del viento. Cerré los ojos, esperando el impacto que rompería mis huesos. Pero en su lugar, un estruendo sacudió el suelo a mi lado. Minh Thành, mi esposo de diez años, jadeaba frente a mí como una bestia herida en el templo ancestral de la familia Phạm.

“¡Dime, ¿quién es él?!”, rugió ante cincuenta parientes que observaban con desprecio. Mi suegra, la señora Nga, sonreía victoriosa, habiendo orquestado una trampa de infidelidad para expulsarme sin nada. Lo que no sabían era que hoy, el cordero que pisotearon se convertiría en su juez.

Hace diez años, entregué mi dote y mis ahorros para fundar la empresa de Thành. Me convertí en la esposa perfecta, pero a medida que el dinero llegó, él se volvió frío y cruel. Perdí a mi bebé en una “caída” por las escaleras que más tarde descubriría fue provocada por mi cuñada, Ngọc Hà. Ella, quien fingía ser mi mejor amiga, era en realidad la amante de mi esposo.

Descubrí la verdad una noche en la cocina y, en lugar de gritar, instalé cámaras ocultas. Escuché grabaciones donde se reían de mi dolor y planeaban acusarme de adulterio para quedarse con mis acciones de la empresa.

En medio de los insultos de la familia, me puse de pie con una calma gélida. Encendí el televisor del salón y proyecté el video de Thành y Ngọc Hà en mi propia cama nupcial. La revelación fue nuclear. El hermano mayor de Thành, Minh Tuấn, llegó en ese instante y, al ver la traición de su esposa y su hermano, golpeó a Thành con furia. Mi suegra, al verse humillada y amenazada con que el video se hiciera público, sufrió un colapso y cayó desmayada.

Me divorcié y recuperé mi patrimonio legalmente. La empresa de Thành se fue a la quiebra y él terminó en prisión por fraude fiscal. Mi suegra terminó sola y enferma en una casa humilde.

Yo abrí mi propio restaurante, “Bữa Cơm Nhà”, y encontré la paz junto a Khang, un hombre que valora mi fuerza. He transformado mi dolor en poder. Al final, la justicia no fue solo un acto legal, sino el renacimiento de mi propia alma.